Magallanes está sobre el promedio nacional de obesidad y en población infantil es segunda

La importancia de una
alimentación saludable es algo que muy pocos se cuestionan en los tiempos
actuales. Dadas sus implicancias en la vida de las personas, la cuestión es
considerada un asunto de Estado en las naciones desarrolladas y también en las
denominadas emergentes o en vías de desarrollo. En algunas de ellas, la
inversión en campañas para favorecer cambios de hábito suma varios ceros a la
derecha, porque una población obesa frena el avance de un país y se transforma
en un problema estratégico.

En Chile no estamos ajenos
a esta realidad mundial y las autoridades gubernamentales desde hace algunos
años se ocupan en disminuir las cifras de obesidad en niños y adultos, sobre
todo en los primeros, porque serán los pequeños quienes golpearán fuertemente
en el mediano plazo el sistema de salud con enfermedades como diabetes,
hipertensión y otras, si no se ataja lo que ya es considerado una pandemia de
ribetes insospechados.

 El Observatorio Global de Salud de la
Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que con un 27,8% de su población,
nuestro país lidera el ranking de obesidad en Sudamérica. De este porcentaje,
el 32,3% son mujeres, mientras que los hombres no lo hacen nada de mal con un
no despreciable 23,3%.

Según
estas cifras de la OMS, entre 2010 y 2014, no fue posible mantener o bajar los
kilos de más en los chilenos y chilenas, sino todo lo contrario, aumentó, lo
cual nos permitió ganarnos un título que nadie quiere en su palmarés: campeones
latinoamericanos en obesidad.

En
esa lista negra, el segundo lugar lo ocupa Argentina, luego Uruguay, Colombia y
Perú. De esta manera somos la población más obesa del continente y tercera en
América, luego de Estados Unidos y México.

 

Cuestión
de peso

Según
explican en la Red de Salud UC-Christus, “la obesidad es un trastorno o
enfermedad que se caracteriza por el exceso de tejido adiposo (graso) que
conlleva un riesgo para la salud del individuo y que puede ponerlo en riesgo de
desarrollar una enfermedad crónica”.

Para
saber si se es obeso, la OMS recomienda usar la fórmula de Índice de Masa Corporal
(IMC), es decir, el peso (kilos) dividido por la talla al cuadrado (metros2).

La
obesidad se hace presente cuando un individuo consume más calorías que las que
gasta en sus actividades diarias. Y si esto ocurre en la adolescencia, son
altas las probabilidades de aumento de mortalidad y morbilidad. De ahí que es
urgente asumir el problema y corregirlo. En esto, el tiempo juega en contra,
casi como
una bomba que está activada
y ha iniciado su cuenta regresiva.

“El exceso de peso influye
en casi todos los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares:
aumenta la presión arterial, aumenta los niveles de colesterol LDL (malo) y
triglicéridos, baja el colesterol HDL (bueno) y es un predisponente importante
en el riesgo de sufrir diabetes. Actualmente, también se sabe que los obesos
presentan mayores niveles de sustancias pro-inflamatorias en la sangre, lo que
contribuye a las complicaciones de la enfermedad aterosclerótica”, aseveran los
especialistas de la Red de Salud UC-Christus.

 

Cómo
andamos por casa

Según
se informaba en estas mismas páginas, en julio de este año, en nuestra región
el panorama no escapa a esta realidad, porque de acuerdo con las cifras
entregadas por el Servicio de Salud Magallanes, “la tasa de obesidad en la
población beneficiaria de 15 a 64 años es de 34,1%, 3,6 puntos porcentuales por
sobre el promedio nacional (30,5%) y en el caso de la  población infantil, según el índice de
obesidad entregado por el Ministerio de Salud en el año 2014, la región ocupa
el segundo lugar a nivel país con un 13,1%”.

En
aquella oportunidad, la directora del servicio, Pamela Franzi, aseveraba que
“el problema de la obesidad está entre nosotros y con medidas c
omo mejorar los hábitos tanto
de alimentación como actividad física podemos revertirlo”.

 

Tomando
medidas

Las
autoridades del Ministerio de Salud plantean que para abordar la prevención y
control de la mala nutrición, se debe apuntar a las causas que influyen en las
conductas de las personas, por lo cual hay que abordar el problema con un
enfoque intersectorial, “mediante políticas estructurales basadas en la
evidencia, que contribuyen a modificar los entornos que rodean a las personas y
que inciden en la toma de decisiones”.

Para
ello, es necesario mejorar la oferta y disponibilidad de alimentos saludables,
aumentar la información respecto de los alimentos mediante un etiquetado
nutricional claro y fácil de comprender, el uso regulado de mensajes
nutricionales y el control de la publicidad asociada a los alimentos,
especialmente aquella dirigida a la población infantil.

Explican
en el Minsal que este enfoque considera políticas individuales como la
educación en salud
y nutrición, la consejería en alimentación y programas dirigidos a tratar
a las personas con obesidad y sobrepeso.

(Texto : José Benítez)

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