“Desencantada
con Putin”. Así se declaró Neli Nikoláyeva, una moscovita de 79 años
que asistió a una de las masivas protestas que se han llevado a cabo en
los últimos días en diversas ciudades de Rusia, en rechazo a la polémica
reforma de pensiones impulsada por el gobierno de Vladimir Putin.
“He
venido a la manifestación por el futuro de mis hijos y nietos”, dijo
Neli a la agencia EFE, poco antes de reincorporarse a la marcha
organizada por el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) el
domingo y que según la ONG White Counter -dedicada a contabilizar
manifestantes– convocó a 9 mil asistentes en el centro de Moscú, aunque
la policía los cifra en 6 mil.
La controversial propuesta fue presentada en junio por el ejecutivo y pretendía elevar la edad de jubilación
de 55 a 63 años para las mujeres y de 60 a 65 para los hombres. Pese a
que fue aprobado en primera instancia por la Cámara Baja del Parlamento,
la negativa reacción popular ante la iniciativa obligó al jefe del
Kremlin a anunciar cambios para suavizarla: elevar la edad de jubilación
de la mujer en cinco años en vez de ocho y crear un sistema de
garantías sociales y laborales para las personas en edad de
prejubilación.
Pero el anuncio llegó tarde y no fue suficiente: el
poderoso Putin, enaltecido durante la realización del Mundial de Fútbol
de Rusia 2018, está ahora inmerso en un duro panorama que ha comenzado a
desmoronar su imbatible popularidad.
Impopular medida
Según
una encuesta realizada por el Centro Levada, el 90% de los rusos no
está de acuerdo con aumentar la edad de jubilación. Este rechazo
transversal se vio reflejado en una serie de protestas que comenzaron en
julio pasado y que, lejos de cesar, se han expandido por diversas
ciudades del país, incluyendo localidades siberianas como Novosibirsk y
Vladivostok. “Hoy nos manifestamos en toda Rusia para protestar contra
esta reforma caníbal”, enfatizó el dirigente comunista Gennadi Ziuganov
en su intervención ante la multitud el domingo en Moscú.
Para
el Kremlin y diversos economistas, el problema de las pensiones en
Rusia es evidente: la población está envejeciendo. Tras la crisis
económica de la década de los noventa, la cantidad de personas en Rusia
disminuyó notablemente y, según la ONU, para 2050 el 20% de los rusos
tendrá más de 65 años.
Putin a la baja
La
protesta central de Moscú se realizó en la avenida Sajarov, uno de los
pocos lugares cercanos al centro de la capital donde están permitidas
las manifestaciones. Entre cientos de carteles con consignas como
“¡Fuera las manos de nuestras pensiones!” y banderas rojas con la hoz y
el martillo, surgió una gran pancarta que llamó la atención.
Y
es que el descontento generado por la nueva política previsional ha
logrado afectar directamente la imagen del poderoso Putin, que lleva 18
años en el poder, y de su coalición de gobierno, que posee la mayoría
parlamentaria desde 2003. La caída fue drástica: según Levada, la
aprobación de Putin disminuyó de 82% a un 67% entre abril y julio de
2018, principalmente tras plantearse la reforma de pensiones el 14 de
junio pasado.
Es más trágico si se considera que la popularidad del
Mandatario se había mantenido sobre el 80% durante los últimos cuatro
años – desde que Rusia anexó la península de Crimea (Ucrania) a su
territorio – y que fue reelecto por más de dos tercios de los votos en
marzo pasado. El respaldo a su gobierno, en tanto, cayó otros 15 puntos y
el porcentaje de rusos que piensa que el país está yendo en la
dirección correcta, bajó de un 60% a un 45%.