El peronismo domina la política desde todos los frentes en Argentina

Nada parece resistir al movimiento impulsado por el general a mediados de los años 1940, ni siquiera el presidente Mauricio Macri,
que está a punto de conseguir una hazaña: ser el primer mandatario no
peronista que llega al término de su mandato electo desde 1928.

La omnipresencia del peronismo en las candidaturas se debe en parte a
la impopularidad de las dos figuras que han protagonizado y polarizado
la política argentina en la última década: el liberal Macri y la
expresidenta Cristina Kirchner, una peronista de centroizquierda.

Macri, lastrado por la crisis económica, confiaba en poder repetir mandato si se enfrentaba a Kirchner, una figura tan amada como odiada en Argentina, salpicada por acusaciones de corrupción.
Pero ésta sorprendió al anunciar su candidatura como vicepresidenta en
una fórmula encabezada por Alberto Fernández, un moderado capaz de
atraer a un sector más amplio del peronismo que fue jefe de gabinete
suyo y luego duro crítico.

La jugada obligó a Macri a unirse al destacado senador peronista Miguel Ángel Pichetto para salvar sus opciones electorales.

Peronismo de derecha, izquierda y centro

El resultado no fue el esperado para el mandatario. Fernández, el que lidera la fórmula considerada más peronista, logró 47% de los votos en las primarias del domingo, por delante de Macri (32%) y una tercera opción, formada por los también peronistas Roberto Lavagna y Juan Urtubey (8%), que aspiraba a atraer desde el centro a quienes están hartos del presidente y de Kirchner.

Así se ha llegado a la situación actual rumbo a las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Pero ¿cómo
es posible que peronistas se enfrenten en coaliciones que promueven
políticas muy distintas? ¿O que Pichetto haya apoyado desde el
parlamento a Kirchner durante sus dos mandatos presidenciales y se una
ahora a su mayor rival?

La respuesta debe buscarse en los orígenes del peronismo. Y aquí
conviene respirar hondo, porque no sirven las definiciones de izquierda,
derecha y centro.

Una apuesta segura

El movimiento nunca fue unitario, explica el historiador Gustavo
Nicolás Contreras. Sus tres principios básicos -la soberanía política,
la independencia económica y la justicia social- fueron lo bastante
amplios para que distintas partes de la sociedad como los obreros, la
burguesía industrial o el sector más nacionalista del ejército se
reconocieran en ellos.

Para el analista político Rosendo Fraga, esa indefinición ideológica está marcada por la figura de su fundador. “Perón podía girar de izquierda a derecha sin perder su objetivo político que era alcanzar, retener o recuperar el poder”, dice.

El peronismo ha demostrado el don de la supervivencia. Resistió a
dictaduras, a la muerte de su fundador, a derrotas electorales, y no
estalló a pesar de la convivencia de tendencias opuestas, como las de
extrema izquierda y derecha que llegaron a enfrentarse con armas en los
años 1970.

Contreras opina que la existencia de esos distintos pensamientos bajo
la misma etiqueta se debe a la fortaleza del movimiento. “El peronismo
es una oportunidad política, es el lugar que tiene peso político, que
puede ofrecer la gestión del gobierno, la posibilidad de potenciar los
intereses propios”, asegura. Dicho de otra forma, un caballo ganador.

Saber adaptarse

La clave de la resistencia del peronismo “está en su capacidad de
entender, procesar y representar, la complejidad, ambigüedad y
contradicción de la sociedad argentina”, afirma Fraga.

“Su capacidad de adaptación le permite mostrarse siempre como una opción de poder”, abunda Contreras.

Así, durante el gobierno del peronista Carlos Menem en los noventa,
se llevaron a cabo políticas a favor del libre mercado, con
privatizaciones de compañías nacionales, porque el presidente supo
interpretar los cambios que deseaba la sociedad tras el fracaso de las
empresas públicas y la hiperinflación en el periodo del radical Raúl
Alfonsín, explica Fraga.

El peronismo también encontró una respuesta cuando fracasó ese modelo
a comienzos del siglo XXI. “La gente pasaba a pedir más Estado y en lo
internacional no estaba tan claro que la economía de mercado fuera la
única alternativa. Es entonces cuando (Néstor) Kirchner interpreta este
cambio y gira hacia el centro-izquierda, asume un modelo
intervencionista y adopta formas populistas”, añade Fraga.

Al regresar a su país en 1972, tras el exilio impuesto por la
dictadura, Perón dijo que todos los argentinos eran peronistas. Aunque
no sea cierto, las candidaturas presidenciales muestran que habrá que
seguir contando con quienes se definen como sus seguidores, sean cuales
sean sus ideas políticas.

FUENTE BIO BIO

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS