“Sonríe
mucho”, comentó el ministro de Salud de Bolivia, Rodolfo Rocabado, en
un programa de televisión este fin de semana.
Estaba hablando sobre
Sebastián, un niño de solo tres años de edad víctima de negligencia
médica, cuyo caso ha consternado a la sociedad y a las autoridades
bolivianas. En julio, Sebastián y su familia, oriunda de la localidad de
San José de Chiquitos, se enteraron de una dura noticia: el pequeño
tenía un tumor maligno en el riñón izquierdo.
Tras ser trasladado a
diversos centros médicos, el menor llegó hasta el Hospital Oncológico de
Santa Cruz, donde recibió sus primeros tratamientos paliativos contra
el cáncer. Recibió seis dosis de quimioterapia y el tumor, que en
principio medía 14 centímetros, se redujo a cuatro.
No obstante, otra
mala noticia enturbiaba el panorama: el tumor hizo metástasis y
comprometió su pulmón derecho. Los médicos consideraron que la
extracción del riñón “malo” era vital para continuar con su lucha contra
el cáncer y así evitar que se vieran afectados más órganos. Fue
internado el lunes 3 de septiembre para ser sometido a la intervención
quirúrgica, la cual se llevó a cabo dos días después.
Entonces,
llegó la última de las malas noticias. El equipo médico, liderado por
el cirujano identificado como Roger M., cometió un grave error:
extirparon el riñón sano, en vez del enfermo. “Cometí una estupidez”,
habría exclamado el cirujano tras enterarse de lo ocurrido, según relató
Éver Justiniano, el padre del menor que se dio cuenta de la
equivocación y la reportó.
El niño fue sometido inmediatamente a una
segunda operación, esta vez para extraer el órgano correcto. En solo
algunas horas, Sebastián se quedó sin riñones y pasó a depender de una
máquina de hemodiálisis para sobrevivir.
El debate sobre la mala praxis
Pero
no es primera vez que el cirujano Roger M. compromete la vida de un
niño por negligencia médica. Según consigna el diario boliviano La
Razón, el hombre lideró la operación que provocó la muerte de un menor
en 2012, luego de que se dejara material quirúrgico al interior de su
cuerpo, provocándole una grave infección. “En el momento de la audiencia
cautelar se ordenó la detención preventiva para el médico, entonces se
le imputó por homicidio culposo si bien recuerdo.
El menor perdió la
vida. Él estuvo detenido en Palmasola”, afirmó a la red Unitel el juez
Martín Camacho, a cargo del caso. Finalmente, el proceso penal se
extinguió por el desistimiento de la familia afectada. Ante esta
situación, el caso de Sebastián revivió en el país vecino el debate
político en torno a la penalización de la mala praxis médica.
Por
ello, el Gobierno boliviano había aprobado a fines del año pasado un
nuevo Código Penal que incluía multas económicas, inhabilitación en el
ejercicio profesional e inclusive cárcel para los responsables de
negligencia en la salud. Sin embargo, la iniciativa desencadenó de
inmediato el rechazo de los profesionales de la salud, que mantuvieron
una huelga de hospitales públicos durante
47 días y protagonizaron violentas protestas, que terminaron con el
proyecto.
“Tal vez sería bueno retomar el tema e ir trabajando en que
tengamos alguna normativa que nos permita mejorar estos aspectos que la
verdad son preocupantes, tanto para los profesionales como también para
la población que se ve afectada”, declaró el ministro de Salud, Rodolfo
Rocabado, este fin de semana tras visitar a Sebastián.