Los padres de los 43 estudiantes mexicanos se mantienen en espera de sus hijos en la escuela

Llevan más de 40 días viviendo el dolor. Son los padres de 43
estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de
Ayotzinapa que desde el pasado 26 de septiembre buscan a sus hijos,
detenidos y desaparecidos por elementos de la policía municipal de
Iguala, en el sur de México.

Recorren los espacios de esta
escuela normal habilitada como internado, pero el rostro de todos ellos
refleja tristeza y emociones contenidas. Confían en que nuevamente verán
a sus hijos, presumen sus fotos y hacen planes para “cuando ellos
regresen”.

“Mi hijo es muy alegre, viera, le gusta bailar. Cuando
lo conozca va a ver que si es verdad lo que le digo”, señala una madre,
mientras busca sigilosa una foto en su celular. “Esta fue la última
foto que se tomó antes de venir a la normal”.

El rostro del joven
y las fotos muestran su carácter alegre, presumido poco antes por su
madre, que por un momento hizo a un lado el dolor para recordar a su
hijo antes de su ida a Iguala, en Guerrero, a unos 200 kilómetros al sur
de Ciudad de México.

En la normal de Ayotzinapa, próxima a la
ciudad de Iguala, ya nadie habla, pocas son las madres y padres de los
jóvenes que quieren compartir su experiencia. El dolor, la espera, el
cansancio físico y emocional, poco a poco han minado la fortaleza de los
padres, que pese a esto siguen firmes para localizar a sus hijos.

En
ese lugar, la cancha techada de la escuela se ha vuelto un centro de
reunión para los padres y familiares que esperan encontrar con vida a
sus hijos. El apoyo de los psicólogos de Médicos Sin Fronteras es
incansable. Conversan, acarician a las madres, intentan dar consuelo
para quienes se niegan a aceptar que sus hijos estén muertos como les
informó el procurador general, Jesús Murillo Karam.

“Cómo aceptarlo si no hay pruebas, ni cuerpos ni nada, solo cenizas”, dicen los padres de familia.

El
dolor se respira en todos los rincones de la normal. Los salones lucen
deteriorados, sin puertas, sin cristales en las ventanas y con butacas
en mal estado. Las aulas donde hace unos meses los jóvenes recibían
educación, ahora son habilitados como dormitorios para los padres y
alumnos de otras escuelas que se solidarizan con las protestas de los
normalistas y con la exigencia de la presentación con vida de los 43
estudiantes.

“Querido Hijo: Hoy que no estás conmigo siento un
dolor tan grande que no puedo expresarlo con palabras, creo que mi
corazón cada vez se hace más pequeño y poco a poco siento como se va
desgarrando dentro de mí”, se lee en una carta que María Micaela
Hernández escribió a su hijo Abel.

En la carta, Micaela agrega:
“Si alguien piensa que porque somos pobres y humildes no tenemos
sentimientos yo les digo que este dolor me está matando lentamente”.

En
el centro de la cancha fue habilitado un comedor con mesas y sillas,
paralelo al de los estudiantes, donde las muestras de solidaridad se
hacen presente. A un lado niños juegan y familiares acuden a visitar a
los padres para mitigar la espera.

Poco a poco llegan jóvenes con
rostro cubierto. “Vienen de una actividad” en Chilpancingo, la capital
del estado de Guerrero, como parte de las acciones de presión hacia el
gobierno. “No pararemos hasta que nuestros compañeros estén con
nosotros, porque la neta (la verdad) yo sí los extraño”, dice en voz
baja un joven normalista.

El mismo añade: “La verdad, sí,
corremos muchos riesgos, nos pueden golpear, nos pueden identificar y
luego desaparecernos también a nosotros. Pero creo que si yo fuera el
desaparecido, mis compañeros también harían lo mismo y también estarían
dispuestos hasta perder la vida. Desde que entramos (a la escuela) somos
hermanos y lo seguiremos siendo siempre”.

Y es que la estigmatización y la criminalización de los normalistas son constantes por parte del gobierno estatal y federal.

El
Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”, que ofrece
noticias e informes de casos de abusos en el estado de Gurrero, advierte
sobre esta tendencia que el 26 de septiembre culminó con el ataque a
los jóvenes campesinos.

“La criminalización que por años generó
el gobierno hizo que el valor de los jóvenes, fuera menor que el de otro
y que cualquiera pudiera hacerles lo que están viviendo”, dice el
abogado de “Tlachinollan”, Vidulfo Rosales Rosas. En las últimas horas,
el procurador Murillo Karam informó que en las investigaciones sobre la
desaparición de los 43 se hallaron restos humanos calcinados sin
identificar en un basurero y en bolsas arrojadas a un río y que, según
testimonios, serían de los jóvenes.

De acuerdo con detenidos, los
estudiantes fueron llevados a la zona de un basurero en la localidad de
Cocula, en Guerrero, y una vez muertos fueron quemados durante más de
14 horas para hacer desaparecer sus restos, con diesel, gasolina, leña y
llantas.

Los estudiantes desaparecieron el 26 de septiembre
después de ser perseguidos y atacados por policías municipales en
alianza con un grupo criminal en Iguala. Esa noche hubo, además, seis
muertos y 25 heridos.

De acuerdo a la versión de detenidos, los estudiantes fueron llevados a la zona de
un basurero en la localidad de Cocula, en Guerrero, y una vez muertos
fueron quemados durante más de 14 horas para hacer desaparecer sus
restos, con diesel, gasolina, leña y llantas.

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