Después de décadas de
lucha y protestas, las mujeres sauditas ganaron una de las tantas
batallas en favor de sus derechos y este domingo, por primera vez en la
historia, pudieron tomar un volante y conducir por las calles de su
país.
Sentada
al volante, una saudita espera con impaciencia que su teléfono suene
anunciándole su primer cliente. “Ya he llorado dos veces hoy”, dice Rim
Farahat, mientras enciende el vehículo.
Farahat es una de las primeras
mujeres choferes de la empresa Careem, una compañía de transportes, muy
popular en Medio Oriente junto a Uber, que había anunciado hace meses
que contrataría mujeres en Arabia Saudita cuando se levantara el decreto
que no les permitía conducir.
“Esta mañana, cuando subí al auto, sentí
llegar las lágrimas”, confía Rim cuyo auto está repleto de botellas de
agua fresca para sus futuros pasajeros. “Me detuve al borde de la
carretera y lloré. No podía creer que ahora podemos manejar. Es un
sueño.
Pensé primero que todo iba a suceder normalmente, que sólo
entraría en el auto y saldría. Me sorprendió mi reacción”, añade la
saudita.