“Esta ley debería llamarse de legalización del aborto más que despenalización”

El rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), doctor Ignacio Sánchez Díaz (56), es médico cirujano y pediatra PUC, especialista en enfermedades respiratorias del niño por la Universidad de Manitoba, en Canadá.
Como académico es profesor titular de Medicina, carrera de la cual fue presidente del centro de alumnos en 1982, período en el que tuvo algunos encontrones con la FEUC gremialista de la época. Se tituló con distinción máxima en 1989.
Es autor de más de doscientas publicaciones, muchas de ellas en revistas científicas nacionales e internacionales. En el ejercicio de su profesión, fue jefe del Servicio de Pediatría y del Laboratorio Respiratorio Pediátrico en el Hospital Clínico de la Universidad Católica.
En 2010, luego de haber sido decano de la Facultad de Medicina, fue nombrado rector de la PUC por la Santa Sede, a petición del entonces arzobispo de Santiago y gran canciller de la universidad, monseñor Francisco Javier Errázuriz. En enero de 2015 fue confirmado en el cargo para un nuevo período de cinco años.
Asimismo, son reconocidas sus opiniones sobre temas valóricos, como cuando en 2015 dijo que los médicos de la red de salud de la PUC no realizarían abortos terapéuticos si estos eran legalizados, posición que aún mantiene. Entre los datos curiosos de su cruzada aparece su molestia porque el llamado Pacto de Unión Civil era conocido por el acrónimo PUC, el mismo que usa su universidad, nombre que finalmente fue cambiado por Acuerdo de Unión Civil (AUC).  
– Rector Sánchez, ¿cuál es su relación con Magallanes?
“Tenemos desde hace ya por lo menos unos cuatro años un trabajo conjunto con la Universidad de Magallanes (UMAG) en el Cebime (Centro de Biomedicina), donde nuestra universidad está apoyando el desarrollo de la Facultad de Medicina y la investigación biomédica en la zona. Asimismo, desde hace unos dos años estamos trabajando con la UMAG, la Fundación Omora y la Universidad de North Texas, a través del profesor Ricardo Rozzi, en temas de ecología y biodiversidad”.
– ¿Qué importancia tiene esta región para la Universidad Católica?
“Es una importancia muy grande, porque lo que queremos como universidad es tener una red con universidades regionales, tanto estatales como no estatales, que permita el desarrollo de la investigación aplicada a cada una de las regiones y con Magallanes el tema subantártico y la proyección hacia la Antártica. Podemos entregar nuestro conocimiento y expertise en distintas áreas de la investigación y desarrollo de diversos programas. Creo que es una sinergia y un ganar – ganar, para ambas partes”.   
– Su universidad es católica, ¿cómo abordan desde la perspectiva académica los temas valóricos de la sociedad actual?
“Nuestra universidad tiene amplitud en su educación, en su docencia y también en las áreas de investigación. Para nosotros la libertad de cátedra es un tema muy importante, cuyo único límite es el respeto a la dignidad de la persona, tal como en cualquier universidad de prestigio internacional”.
– ¿No hay un hacer desde el catolicismo, desde la creencia?
“Por supuesto que hay un hacer, porque nosotros tenemos una fe y queremos compartirla con la sociedad. Además, de una manera muy respetuosa, proponer principios, valores, acciones. Ésta es una sociedad laica y plural y, en ese sentido, entendemos que las propuestas que tienen una identidad particular son muy importantes dentro del todo que se conversa en la universidad”.
– Sobre esa base, ¿es misión de la UC dar testimonio de la fe desde la academia? ¿Debería ser una especie de faro de la cristiandad?
“Lo que pretende nuestra universidad es introducirse en el mundo real, con identidad propia. Tenemos una amplia gama de miembros que tienen o no fe. Si vemos a nivel de los estudiantes, cerca del 60 por ciento se declara católico, lo que es muy parecido a la población general. Ellos postulan a la universidad fundamentalmente por su calidad, más que por el hecho de ser o no católica. Los profesores también, cerca del 60 por ciento son católicos. Creemos que es un valor muy importante, pero como rector no tengo como meta que todos sean católicos. Me parece que eso no iría en la línea de estar en la realidad de nuestro país. Lo que sí pretendo es que la identidad, la forma de trabajo, la proyección que tiene, sea el aporte de una universidad católica a nuestra sociedad y eso significa entender el catolicismo como un valor, una propuesta que es respetuosa, inclusiva, que acoge a todos, pero que también tiene bastante claridad en sus principios y valores”.

– ¿Le han pedido eso expresamente desde la Iglesia?
“No es que nos hayan pedido desde la Iglesia, nosotros tenemos 130 años, principios, valores, estatutos, desde la fundación de la universidad, lo que significa ser fieles a nuestros fundadores. Cuando uno asume la rectoría hace una profesión de fe y de compromiso”.
– ¿En qué sentido?
“En el sentido de resguardar los valores de la universidad, proyectarlos y desde esa base aportar a la sociedad. Eso no es algo que la Iglesia nos haya pedido hoy día o ayer, sino que está dentro de los principios fundacionales de la institución”.      
– Algunos sostienen que vivimos tiempos de relatividad moral. ¿Comparte ese juicio?
“Todos los tiempos son complejos, probablemente desde siempre ha habido propuestas más convencidas y otras que pueden ser más diluidas o menos claras. Creo que más que juzgar los tiempos en que estamos, tenemos que hacer un análisis de cada uno de nosotros y por tanto, un análisis institucional, y decir en qué medida nuestra universidad está aportando al bien común”. 
– La semana pasada se aprobó en el Senado el proyecto de ley de interrupción del embarazo en tres causales. ¿Cuál es su posición al respecto?
“La posición de la universidad y mía es que esta ley debería llamarse de legalización del aborto más que despenalización, puesto que a través del derecho sanitario en el procedimiento de aborto, se obliga a los centros de salud a entregar esta prestación. Siempre hemos dicho que si el Gobierno hubiera querido sólo despenalizar, tal como dice la palabra, podrían haber quitado la pena para evitar la cárcel. Nadie está de acuerdo con que a una mujer se le castigue con cárcel si se somete a un procedimiento de aborto, que es tan doloroso para ella como para la sociedad. Pero aquí lo que se ha querido, a través del código sanitario, es permitir y legalizarlo, más que quitar la pena legal. En ese sentido, yo siempre he dicho que la definición de aborto es un procedimiento que va directamente a eliminar la vida de un niño. No es aborto cuando doy un tratamiento por una enfermedad de la madre y como un efecto no deseado ese niño fallece. Es aborto cuando voy directamente a producir la muerte del niño que está en gestación. En ese sentido, nos parece muy reprobable y soy contrario a legislar sobre este proyecto”.

– Entonces, ¿qué se debe hacer en estos casos?
“En la enfermedad grave de la madre hay que acompañarla, protegerla y darle todo el tratamiento que necesite, sin ponerla en riesgo, porque se terminaría exponiendo ambas vidas. En la segunda causal, lo que se tendría que hacer es un acompañamiento y comprender lo que significa para una madre tener un feto con inviabilidad al nacer. En la tercera causal, nos parece que con mayor razón en un acto tan brutal como una violación, que además produzca el embarazo, tenemos que cuidar a esa madre, ver cuál es su entorno, castigar al violador y acompañar el proceso de embarazo. Lo que pensamos es que la respuesta de ir a afectar un ser inocente, que tiene vida humana y que no hay ninguna duda de ello, las discusiones han sido si es que la persona es persona después de las dieciocho, veinte o veintidós semanas, a mí me parece completamente absurda esa discusión, porque desde el inicio de la vida humana -que se produce en la fecundación- hay procesos y desarrollos intrauterinos y después del nacimiento, que nos hacen respetarla en toda su magnitud”.          
– ¿Qué le parece la actuación de los senadores y diputados?
“A mí me parece muy lamentable la respuesta de los parlamentarios y muchos de ellos han estado muy atentos a la opinión de las encuestas. Hay algunos que hace diez años tenían una propuesta y hoy tienen otra. Muchas veces la población no conoce en profundidad cuál es el impacto que esto tiene”.  

– ¿Son las tres causales iguales o alguna de ellas sí podría ser atendible?
“Creo que las tres causales son iguales. En la primera causal (riesgo de vida de la madre), no tendría por qué legislarse, porque es la praxis médica que se hace hoy día. Mientras estamos conversando, si a nuestro hospital llega una madre con un embarazo de quince semanas y tiene que tener rápidamente un procedimiento para cuidar una patología que ella sufre, y ese procedimiento significa un daño irreversible en la vida del niño, lo vamos a aplicar, porque lo que estamos haciendo es restituir y tomar una conducta que de otra manera pondría en riesgo la vida de la madre”.  
– ¿La PUC aportó insumos al debate de la ley que hicieran aconsejable no aprobarla?
“Por supuesto, entregamos documentos públicos, documentos a los parlamentarios, fuimos en varias oportunidades tanto a la Cámara de Diputados como al Senado, directivos, médicos, representantes de la universidad. En ese sentido hubo un aporte muy sustantivo, que lamentablemente no surtió el efecto que esperábamos”.

– ¿Cuál es la posición actual del hospital UC frente a la ocurrencia de casos como éstos?
“Si la madre se hubiese hecho un aborto no legal y llega, por supuesto que se recibe y se restaura su salud. En el futuro, si esta ley es aprobada, lo que vamos a hacer es derivar a las personas que soliciten efectivamente un procedimiento de aborto. Lo hemos dicho una y otra vez y lo repito ahora, no vamos a hacer procedimientos de aborto. Nuestros médicos van a hacer objeción de conciencia”.  
– ¿La invocación de la cláusula de conciencia quedó circunscrita al médico y al equipo, no así para el hospital. ¿Qué le parece?
“Nos parece que debería de protegerse el ideario de las instituciones. Las instituciones intermedias en nuestra Constitución están protegidas y se estipula que las personas se pueden asociar libremente para desarrollar ciertos principios, valores y propuestas. Es lamentable que no se haya incluido eso. Ahora, en este caso, al no haber médicos disponibles en nuestra institución, lo que vamos a hacer es una derivación segura a centros hospitalarios que sí estén dispuestos a realizar el procedimiento de aborto”.

   
–  Como médico, ¿es esta ley un pasadizo al aborto libre?
“Yo no ocuparía la palabra pasadizo, lo único que puedo decir es que la experiencia internacional muestra que la gran mayoría de los países que han partido por esta ley, posteriormente los criterios para aceptar abortos se van ampliando y que después de unos años, no solamente por la legislación, sino que de hecho, se van incluyendo otras causales y ese es un riesgo importante”. 
– ¿Cree que es posible revertir lo obrado hasta el momento o hay que adaptarse a los nuevos tiempos?
“Este tema aún está en el Parlamento, va a ir a comisión mixta y después, probablemente, al Tribunal Constitucional. En todas esas etapas, por supuesto, aún es posible revertir y evitar que esto sea ley. Pero si es ley de la república, nosotros vamos a emplear la posibilidad que la misma ley da de la derivación”.

– ¿Qué mensaje les enviaría a las mujeres que se ven dolorosamente enfrentadas a la decisión de interrumpir el embarazo?
“Lo que queremos desde la universidad es darles un programa de acompañamiento sicológico, médico, humano, que haga llevar mejor su embarazo, tomar decisiones con plena calma y serenidad, por ejemplo, entregar al niño en adopción, decidir cómo vamos a vivir las pocas horas, días o semanas que puede tener de vida el niño que viene con un trastorno muy complejo”.
– ¿La Universidad Católica se involucra en los términos que usted ha descrito?
“Por supuesto, ya tenemos un programa de acompañamiento llamado Acompañaré, que ya hemos planteado en Fonasa para que esté disponible para todos y podamos seguir aportando”.

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