Parece una contradicción cultural, pero los números no mienten: el país que respira mate está pagando los precios más altos del cono sur para equiparse. Durante este verano 2026, la imagen de turistas argentinos calculando el tipo de cambio frente a una vitrina de termos se ha vuelto una constante en ciudades como Punta Arenas, Santiago y Viña del Mar.
Según relevamientos de mercado, la diferencia de precios en productos de la marca Stanley entre ambos países puede alcanzar el 40%, una cifra que justifica, para muchos, el espacio extra en la maleta antes de emprender el regreso a casa.
No se trata solo de ofertas estacionales; la diferencia radica en la arquitectura comercial de ambos países:
Apertura Comercial: Chile posee una política de importación con menos barreras arancelarias, permitiendo que marcas globales ingresen con costos de internación significativamente menores que en Argentina.
Estructura Impositiva: Mientras que en Argentina el precio final se ve afectado por múltiples capas de impuestos internos y esquemas de franquicias, el sistema chileno es más lineal y previsible para los bienes de consumo.
Logística y Franquicias: Los costos de distribución y los márgenes que imponen los representantes oficiales en Argentina suelen ser más elevados, lo que termina siendo trasladado directamente al consumidor final.
Para un turista argentino, incluso realizando la conversión de pesos chilenos a dólares y luego a pesos argentinos (en sus diversas variantes), la cuenta sigue siendo favorable:
Nota: Los valores en pesos argentinos son referenciales y fluctúan según el tipo de cambio del día.
Para los argentinos, el termo Stanley ha pasado de ser una herramienta técnica a un símbolo de estatus y durabilidad. La "garantía de por vida" que ofrece la marca estadounidense hace que el consumidor vea la compra en Chile no como un gasto, sino como una inversión. Esto ha generado que las estanterías de los malls locales deban reponer stock constantemente ante la demanda de los vecinos trasandinos que cruzan la cordillera, especialmente en zonas de libre comercio como la Zona Franca de Punta Arenas.