Lo que comenzó como una aparente disputa por la confección de armas artesanales terminó en uno de los crímenes más macabros registrados recientemente en el sistema carcelario chileno. El escenario fue el módulo 91, una zona destinada a reos aislados y castigados, donde la mañana del pasado domingo se confirmó la muerte de un joven de 26 años a manos de su compañero de celda.
Desde la Fiscalía de Coquimbo, el fiscal Eduardo Yáñez calificó el hecho como un ataque de "extrema violencia", confirmando que el victimario no solo asesinó a la víctima con un arma cortopunzante en el cuello, sino que incurrió en actos de canibalismo.
Según los antecedentes recabados por el Ministerio Público, el agresor acometió contra la víctima mientras pernoctaban solos en la celda. Sin embargo, lo más perturbador ocurrió tras el deceso:
Mutilación y canibalismo: El fiscal informó que el imputado habría comido partes específicas de la víctima, mencionando un ojo, partes de las orejas, las manos y el cuello.
Origen del conflicto: Fuentes cercanas a la investigación señalan que la noche del sábado se habría originado una discusión mientras ambos fabricaban armas blancas artesanales (estoques), lo que desencadenó la riña fatal horas después.
Gendarmería de Chile lamentó el fallecimiento y activó los protocolos de rigor, entregando todos los antecedentes al Ministerio Público para esclarecer las circunstancias del ataque. El imputado, quien ya cumplía una condena por un asalto violento ocurrido en 2022 en la Región Metropolitana, enfrenta ahora nuevos cargos por homicidio calificado con agravantes de ensañamiento.
Este hecho ha reabierto el debate sobre la seguridad en los módulos de aislamiento y los criterios de convivencia entre reos de alta peligrosidad dentro de los recintos penitenciarios del país.