El Continente Blanco ya no es el santuario impenetrable que se creía. Una investigación liderada por el proyecto TARP de la Universidad de Santiago (Usach) ha confirmado que el carbono negro (black carbon) —partículas microscópicas de hollín generadas por incendios forestales a miles de kilómetros— está aterrizando en la Antártica, alterando su pureza y acelerando el deshielo. El fenómeno, monitoreado desde la Base Profesor Julio Escudero por la investigadora Juliana Mejía, revela que el humo de Australia, la Amazonía y la Patagonia viaja a través del Océano Austral, dejando una marca química que amenaza el balance térmico de una de las regiones más críticas para el clima global.
El impacto de este hollín es silencioso pero letal para el ecosistema. Al depositarse sobre la superficie blanca, las partículas oscurecen la nieve, reduciendo su capacidad de reflejar la radiación solar. Esto provoca que el hielo absorba más calor del sol en lugar de rebotarlo, iniciando un ciclo de derretimiento prematuro que preocupa a la comunidad científica internacional en esta campaña 2026.
El transporte de estas partículas es un prodigio de la física atmosférica, pero con consecuencias ambientales graves. El proceso se divide en tres etapas clave:
Piroconvección: El calor extremo de los incendios masivos genera corrientes ascendentes que elevan el humo y el hollín a altitudes estratosféricas.
Corrientes de Aire: Una vez en lo alto, las cenizas entran en las "autopistas" atmosféricas que cruzan el océano.
Tiempo de viaje: Desde la Patagonia, el hollín tarda apenas 48 horas en llegar a la Antártica. Desde Australia, el viaje puede extenderse por 14 días.
Para rastrear estas intrusiones invisibles al ojo humano, el climatólogo Raúl Cordero y su equipo utilizan instrumentos de alta precisión que escanean el cielo antártico:
Radiómetros: Miden la intensidad de la radiación solar y cuánta de ella es bloqueada por los aerosoles.
Sistema Lidar: Funciona como un "radar láser" que detecta la altura y densidad de las nubes de ceniza en la atmósfera.
Testigos de Hielo: La perforación de capas de hielo ha permitido encontrar registros históricos de estos incendios, confirmando que la contaminación no es un evento nuevo, pero sí cada vez más frecuente.
En física, el albedo es la medida de la reflectividad de una superficie. La nieve pura tiene uno de los albedos más altos del planeta (refleja casi el 90% de la luz).
Superficie Blanca: Refleja la energía solar de vuelta al espacio, manteniendo el frío.
Superficie con Carbono Negro: El hollín actúa como un imán para el calor. Al oscurecerse la nieve, la absorción de energía aumenta drásticamente, lo que eleva la temperatura superficial y acelera la transformación del hielo en agua líquida.