El sistema de seguridad financiera en Chile está cerrando uno de sus capítulos más extensos. La tradicional tarjeta de coordenadas, ese dispositivo de plástico con filas de números que durante casi dos décadas fue el estándar para validar transacciones, tiene sus días contados. Ante el aumento sostenido de los ciberdelitos y la sofisticación de técnicas como el phishing, la mayoría de las entidades bancarias del país han iniciado el proceso de retiro definitivo de este método, migrando hacia sistemas digitales mucho más robustos y difíciles de interceptar por terceros.
El cambio, que se volverá obligatorio y transversal para todo el sistema financiero a partir de agosto de 2026, marca el paso definitivo hacia la identidad digital. Las instituciones bancarias han argumentado que las coordenadas físicas se volvieron vulnerables, ya que los delincuentes lograban recolectarlas mediante sitios web falsos para operar de forma remota. En su lugar, el protagonismo lo asumen ahora las aplicaciones de Token Digital, la biometría y las claves dinámicas, herramientas que vinculan la seguridad directamente al dispositivo móvil del usuario.
La obsolescencia de la tarjeta física no es caprichosa; responde a una necesidad crítica de mejorar la ciberseguridad en un ecosistema donde los fraudes digitales no dan tregua.
Vulnerabilidad al Phishing: Los estafadores solían crear portales idénticos a los del banco para que el usuario entregara sus coordenadas.
Seguridad Temporal: A diferencia de una coordenada fija en un plástico, el Token Digital genera códigos que expiran en pocos segundos, reduciendo la "ventana de oportunidad" para el delincuente.
Vinculación de Dispositivo: La seguridad ahora se asocia a un smartphone específico, lo que impide que un tercero opere desde otro equipo sin una autorización biométrica previa.
La banca nacional ha establecido tres métodos principales que reemplazarán al plástico:
Si bien el cambio optimiza costos logísticos para los bancos (eliminando envíos de correo certificado y gestión de plásticos), el proceso ha generado fricciones. El mayor desafío radica en la alfabetización digital de los adultos mayores o personas sin acceso a tecnología de última generación.
Por ello, la banca ha reforzado sus áreas de soporte técnico y campañas de educación financiera. Las autoridades han enfatizado que el retiro será gradual pero irreversible, instando a los clientes a actualizar sus datos y descargar las aplicaciones oficiales para evitar el bloqueo de sus canales de transferencia en las próximas semanas.
Expertos en seguridad informática son enfáticos: la tecnología es más segura, pero el "eslabón débil" sigue siendo el factor humano.
Importante: Ningún banco solicitará jamás sus códigos de token o claves dinámicas por teléfono, correo electrónico o mensajes de texto. Estos códigos funcionan como su firma digital definitiva; compartirlos equivale a entregar las llaves de su casa.