El Palacio de La Moneda se transformó en el punto de partida de una profunda reforma al modelo de desarrollo nacional. En una ceremonia oficial realizada en el Patio de Los Cañones, la presidenta del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo (CTCI), Silvia Díaz Acosta, hizo entrega formal al Presidente de la República, José Antonio Kast, de la Estrategia Nacional CTCI 2026. Esta ambiciosa hoja de ruta de largo plazo busca posicionar el conocimiento científico y la descentralización tecnológica como los motores estructurales del crecimiento sostenible y la resiliencia climática del país.
Al acto republicano asistió la ministra de la cartera, Ximena Linconao, junto a un amplio espectro de consejeros, académicos, empresarios y científicos. El texto final es el resultado de cuatro años de diagnósticos y diálogos transversales, consolidando solo durante 2025 la participación activa de más de 500 expertos de forma presencial y más de 1.500 colaboradores vía telemática.
La Estrategia Nacional no elude las cifras incómodas que han estancado el desarrollo tecnológico local. El informe expone una dura radiografía del ecosistema de innovación en Chile:
Gasto Insuficiente: La inversión chilena en Investigación y Desarrollo (I+D) se situó en un magro 0,41% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra crítica si se compara con el 3% promedio que registran los países miembros de la OCDE.
Baja Adopción Privada: Apenas 1.804 empresas a nivel nacional —equivalente al 0,8% del tejido empresarial total— declaran ejecutar de forma sistemática actividades ligadas a la I+D.
Caída en Innovación: La tasa de innovación en el sector privado chileno sufrió una contracción sostenida, descendiendo del 14,1% anotado en 2017 a un 10,7% en las últimas mediciones, contrastando con el 45% de participación que exhiben las economías desarrolladas.
Frente a este escenario de transformación geopolítica y ambiental, el Presidente Kast respaldó decididamente el cambio de enfoque sistémico propuesto por el Consejo: “Chile cree en la ciencia, Chile necesita la ciencia, y Chile no tiene futuro sin ciencia”, sentenció el Mandatario, definiendo el documento como un "libro vivo" que mandatará las prioridades presupuestarias de los ministerios.
El plan maestro se estructura sobre seis pilares estratégicos que buscan entrelazar el bienestar social, el impacto científico, el desarrollo de habilidades críticas en la población y una gobernanza articulada del ecosistema.
Para acelerar los resultados de la estrategia, se anunció la activación inmediata de ocho proyectos transformadores, entre los que destacan:
Instituto Nacional de Litio y Salares: Orientado a agregar valor a la cadena extractiva del norte.
Plataforma Industrial de I+D Naval: Un encadenamiento productivo vinculado a la construcción de astilleros que proyecta la creación de 1.900 empleos directos adicionales hacia el año 2036 e inyecciones de US$ 25 millones anuales en investigación.
Inteligencia Artificial y Biotecnología: Programas de movilidad social y hubs científico-tecnológicos regionales enfocados en la salud integral, la educación, la sostenibilidad y la seguridad humana.
Para la región más austral, las directrices de la Estrategia Nacional CTCI resuenan con una fuerza geopolítica y económica sin precedentes. El documento identifica explícitamente a la Antártica —junto al Desierto de Atacama— como uno de los polos estratégicos de frontera del país.
La Región de Magallanes se consolida como el núcleo de la transición energética global gracias a su extraordinario potencial eólico. Estudios del Ministerio de Energía sostienen que la zona posee las condiciones para producir el 13% del hidrógeno verde de todo el planeta, con una capacidad de generación eléctrica anual que superaría en siete veces la matriz eléctrica actual de Chile.
Este potencial se sustenta en inversiones privadas que superan los US$ 15.000 millones, destacando hitos como:
Proyecto H2 Magallanes: Megainiciativa de la firma TotalEnergies en la comuna de San Gregorio, que contempla una inversión de US$ 16.000 millones y el despliegue de más de 600 aerogeneradores de alta capacidad.
Planta Haru Oni: Ubicada en las cercanías de Punta Arenas, ratificada como la primera planta de combustibles sintéticos (e-Fuels) comercialmente operativa del mundo desde fines de 2022.
El horizonte austral de la estrategia no se limita al viento. El fuerte énfasis en biotecnología abre las puertas a líneas de investigación científica de vanguardia sobre los ecosistemas subantárticos y el estudio de microorganismos extremófilos habitando en la biodiversidad única de los canales y mares del sur.
Asimismo, las herramientas de inteligencia artificial y economía digital serán transferidas a sectores tradicionales de la economía magallánica, optimizando los procesos de la ganadería, la pesca artesanal e industrial, y el turismo de intereses especiales. Finalmente, la condición ineludible de Punta Arenas y Puerto Williams como rampas y puertas de entrada naturales al continente blanco posiciona a la región como el principal observatorio internacional del cambio climático y la ciencia polar de frontera.