Hoy
se cumplen 37 años del Tratado de Paz y Amistad con Argentina. Y
Magallanes tiene mucho que decir al respecto. Un merecido reconocimiento
a la mediación papal es el que se debe realizar. El Tratado de 1984
delimitó el denominado Mar de la Zona Austral, que se inicia en el canal
Beagle;
fijó el régimen de navegación entre el Estrecho de Magallanes y puertos
argentinos en el canal Beagle y viceversa; estableció un sistema de
solución de controversias que no es posible de frustrar por las partes
signatarias y convino en la formación de una comisión binacional
permanente de cooperación económica e integración física para facilitar
el desarrollo de intereses compartidos. Este gran acuerdo ha permitido
el tránsito de ambos pueblos por la senda de la paz y el entendimiento,
dejando atrás un episodio que los situó en el umbral de la beligerancia.
Además, ratificó que Chile y Argentina están tradicional y
profundamente comprometidos con la cooperación bilateral y con la
solución pacífica de sus discrepancias. Alcanzar los acuerdos que
actualmente obligan a las partes fue una enorme y complejísima tarea, en
momentos de gravísimo peligro y de consecuencias imprevisibles, para el
futuro de ambos países. Y por eso en este aniversario es justo valorar
la mediación de Juan Pablo II y de la diplomacia vaticana que, junto con
servir de instancia de pacificación, aportó propuestas que sirvieron de
base para los acuerdos suscritos. La Patagonia Chilena y Argentina son
quienes más deben agradecer esto, ya que tenemos un sentido de
reciprocidad muy grande, el que se ve reflejado en nuestra diaria
convivencia.