Hace
exactamente una semana caminamos desde el Santuario María Auxiliadora
Don Bosco rumbo al cementerio municipal para entregar nuestro último
adiós a un buen magallánico, buen amigo, buen esposo y padre, buen
vecino, pero sobre todo un hombre inmensamente solidario que nunca hizo
un aporte por interés, sino motivado en ayudar a quienes lo necesitaban.
Por eso y mucho más el nombre de Jaime Gutiérrez Varillas será
recordado con cariño sincero y traspasará las generaciones de los
vecinos y vecinas de la región.
Sin
duda, para poder relatar parte de la vida y de las acciones permanentes
que realizó en favor de los demás este Hijo Ilustre de Punta Arenas y
Ciudadano Ilustre de la Región de Magallanes necesitaríamos varias
columnas, pues muchas de sus acciones solidarias fueron en silencio y
reservadas. Prueba de ello fueron los cientos de vecinos y vecinas que
llegaron a su despedida de distintos sectores de Punta Arenas y de la
región, quienes con su presencia quisieron manifestarle su gratitud a
este hombre de sangre española, pero sobre todo magallánico, devoto de
la Virgen de Covadonga, alumno salesiano de Don Bosco, Liceo San José y
del Liceo Luis Alberto Barrera.
Cuando
uno recorre parte de su vida no sólo descubre su faceta de un ser
solidario, sino que también de haber sido miembro de distintas
instituciones, como su querida Sociedad Española y como miembro
honorífico de la Sexta Compañía de Bomberos “Bomba España”, quienes le
rindieron honores durante su funeral.
Quienes
tuvimos la oportunidad de compartir con “don Jaime” nos quedaremos con
el recuerdo de aquellos consejos que cada vez nos entregaba, o bien de
sus reparos cuando creía que habíamos cometido un error, pero siempre lo
hacía con respeto y mucho prudencia, pero sobre todo mucha franqueza,
aquella de un hombre transparente como un niño, cualidad con la que
actuó toda su vida y que es tan necesaria en nuestro mundo.
Para
muchos fue un gran luchador, con espíritu de torero, otros lo llamaron
el “Quijote magallánico” por sus sueños y esperanzas de hacer de su
región un lugar digno para cada familia de su tierra, aquella tierra que
le vio nacer y que le vio morir, en donde forjó grandes amigos y
conocidos agradecidos por todo lo que entregó sin pedir nada a cambio.
Yo
hoy me sumo en gratitud por haber tenido la suerte de compartir con él,
de escuchar los relatos de vacaciones de infancia de voz de mi madre.
De ver su obra cristalizada en su familia a quien tanto amo, su señora
Ruth, sus hijos José Manuel y Macarena que hoy pueden sentirse
orgullosos de la huella de su padre y de continuar su legado.
Recodaremos
siempre a Jaime con su mejor semblante, como el hombre grande y
acogedor, creativo y cariñoso, siempre preocupado de su gente y sus
amigos, alegre y apasionado. El hombre trabajador, hábil y esforzado
pero sobre todo amante de su región y de la tierra de sus padres.
Descansa en paz querido Jaime Gutiérrez Varillas.