Los extremos siempre están presentes y forman parte de nuestra existencia.
Los opuestos muchas veces nos ayudan a aclarar la realidad y entendemos
lo bueno por oposición a lo malo, la felicidad a la amargura, la dicha a
la desdicha… Violeta ya lo decía: “perfecto distingo lo negro del
blanco”/ “dichas de quebranto”/ “ciudades y charcos”/ “cuando miro al
bueno tan lejos del malo”/, y nos fue enseñando el sentido de nuestras
vidas, el real significado de la existencia.
Sin
embargo, nunca señaló quién es el bueno o quién el malo, porque caer en
este abismo de subjetividad es caer en la mediocridad del análisis.
Muchas
veces lo que creemos un bien, no lo es y por más que empeñemos nuestro
afán, la consecuencia de nuestros actos no nos pertenece, sólo nos
pertenece el origen de ellos, la motivación, el por qué… Me cuesta
aceptar (entender sí), cómo llegamos a este estado binario, cómo fue que
nos atrincheramos y lo peor, cómo fue que cada uno pensó estar en lo
correcto y los otros equivocados.
En
este apasionamiento visceral que significan las elecciones, se produjo
la lógica de los bandos: por un lado, hubo quienes enarbolaron conceptos
como Patria, Familia, Bandera, Orden, Dios y por otro (según la lógica
instalada a fuerza de la repetición y el control de los medios), estaban
los que eran enemigos de estos conceptos y por ende, del futuro de
Chile… ¿En serio alguien creyó que Dios estaba de parte de alguno de
estas opciones, en serio…? Algo así como que Dios con su ojo atento
estaba enfurecido con quienes querían aprobar y miraba dulcemente a los
del rechazo. ¿En serio alguien creyó fervientemente que los del apruebo
no querían Familia, Patria, Orden, Unidad, en serio…? En este
divisionismo enfermizo de algunas mentes, se cayó en la demagogia, en la
ideologización, en el estereotipo (ese prejuicio que tanto mal hace a
la sociedad) y la generalización.
Simplificar
los conceptos, llevarlos a su mínimo significado, es una de las
tácticas del inefable Goebbels para conducir a la gente a identificar un
enemigo común; luego pasemos a la exageración y desfiguración de las
ideas y pensamientos para exacerbar y agigantar el error del adversario;
sigamos con el principio de vulgarización, en otras palabras bajar el
contenido del mensaje a niveles rudimentarios apuntando a los más
carenciados intelectualmente y luego pasemos al principio de
verosimilitud de donde surge la sentencia “miente, miente que algo
queda”, que en definitiva consiste en reiterar una falsedad hasta
convertirla en verdad y el trabajo está listo… Obviamente nada de lo
anterior es posible sin la participación de los medios de comunicación,
herramienta más que eficaz y tan gravitante en eso de “generar un estado
de opinión” y, como lo pudimos apreciar, vivenciar, hubo medios que se
prestaron para este juego perverso que pasó de la información a la
desinformación deliberada y mal intencionada.
No
puedo estar más en desacuerdo con quienes insisten en el divisionismo,
no puedo estar más en desacuerdo en quienes nos quieren hacer pensar y
creer que existen los que aman y los que odian. Yo, orgullosamente y
convencido, voté Apruebo, la mayoría ciudadana dijo otra cosa y lo
respeto absolutamente, pero no odio a nadie… No estoy de acuerdo en la
lógica de los buenos y los malos y menos de acuerdo en arrogarse y
autodefinirse como buenos, amorosos, patriotas, creyentes y lo que sea,
insistiendo en que los otros son los que difunden el odio. Han sido
muchos años escribiendo, pero éstas son mis últimas líneas por este
medio. No puedo seguir siendo parte de un medio que polariza así a los
chile-nos ni menos avalar un titular como el publicado porque no me
identifica para nada. Para todos y por siempre, un abrazo.
P.D.: menos para los que insisten en dividir el país.