Todos
hablan de unidad (ahora), nos interpelan por el “bien de Chile” a
realizar esfuerzos, dejar de lado diferencias y seguir los mandatos y
designios de los que (lograda la unidad), decidirán por usted, por
todos. Han vociferado y despotricado infiernos para quienes tienen la
osadía de no acatar su llamado, nos tildan de inconsecuentes, de no
tener una mirada superior acerca de nuestro país, de “proyectos
personales”, de “caudillismo” y de participar en política solo por un
berrinche personal (hace poco tiempo algunos dieron cátedra al
respecto). Bueno, veamos cuáles han sido los beneficios del llamado a la
unidad: la mayoría del país se unió para derrocar la dictadura -en
realidad, al dictador, la dictadura ha seguido intacta, la dictadura
económica, social y política-, mayoritariamente el país se unió en torno
al NO, al arcoíris, a la Concertación y los elegimos no una vez,
varias, bajo el mandato de la unidad. Esperábamos (seguimos esperando
aún), que dicha unidad terminaría con las horribles diferencias sociales
y se instauraría la justicia, la equidad, las oportunidades. Si bien
hubo intentos, fue una fachada, una máscara de carnaval, un disfraz que
nos permitió sentirnos alegres, felices, realizados… Transcurrido el
tiempo, las cosas por las cuales nos “unimos” siguieron exactamente
igual y nos hablaron de “democracia en lo posible”, “olvidar el pasado” y
el caballito de batalla de cuanto político aparecía: “dejemos que las
instituciones funcionen”… Y no funcionaban, o más bien funcionaban
favoreciendo a los mismos de siempre: hay quienes siguieron aumentando
sus fortunas, aparecieron los que desfalcaban bancos y luego fueron
presidentes, los mandatarios que eran aplaudidos a rabiar por los
empresarios y privatizaron todo lo habido y por haber, surgió con un
auge nunca visto esta “nueva clase política” que vio la oportunidad de
sus vidas para unirse a los “privilegiados” y usted, yo, millones
comprábamos paraguas por la oferta tan proclamada del chorreo (a todo
esto: ¿todavía tiene guardado su paraguas?)… Nos dieron la espalda con
una indecencia increíble, nos traicionaron como nunca antes en nuestro
país, los que proclamaban la unidad poco a poco veían con desdén, con
malestar aquellos que les criticábamos, los “apuntábamos con el dedo”,
nos decían que no entendíamos, que no sabíamos y que eran ellos, “los
unidos” los que tenían la misión de decidir nuestros destinos… No
tuvieron asco en aceptar (y aplaudir), las aberraciones instaladas y
tuvimos que sufrir (el pueblo, obvio), la privatización de la salud, la
educación, el acceso a la vivienda, las colusiones, las evasiones de
impuestos, las clases de ética y los honorables parlamentarios que se
vendían sin ningún pudor al poder económico. Pasaron años para terminar
con el sistema binominal y cifras repartidoras, seguimos con una
democracia “casi” participativa, sistema D’Hont (la misma m…, pero otro
buquet), asistimos a verdaderas matanzas y cuchillazos entre los
“unidos” y hubo partidos que se alzaron como verdaderos traidores de los
anhelos y esperanzas la gente llegando a la asquerosidad de votar
leyes que nos maltrataban, seguían vulnerando nuestros derechos y la
miseria crecía y crecía… Así fue la “unidad”, así la vivimos, así la
vivimos… Ahora que su “Titanic” se hunde, ahora que viven el desprecio
del pueblo, otra vez nos llaman a seguirlos, reunirnos en torno a “sus”
programas, ahora llaman a la unidad los partidos que no nos escucharon,
ahora aparecen los que “no le han trabajado un día a nadie”, ahora que
están a punto de desaparecer, nos obligan a votar no por usted, no por
mí, no por Chile, quieren obligarnos a ir a las urnas para que puedan
sobrevivir… Ya vimos cómo estos cadáveres políticos celebraban un
pasajero triunfo y cómo ahora arremeten una vez más… No, estimados, esa
unidad yo no la quiero, la gente no la quiere porque nos cansamos de su
doble estándar, de sus inconsecuencias, de sus acuerdos por la paz y de
sus traiciones. Para todos, como siempre, un abrazo.
P.D.: menos para los inconsecuentes y mentirosos que hablan de unidad.