Uno de
los cambios importantes que debe experimentar la nueva Prueba de
Transición es cómo insertar contenidos que tengan más relación con las
carreras técnicas que las profesionales. La mayoría de los padres y
apoderados incurren en un tremendo error a la hora de orientar a los
jóvenes con respecto a qué hacer con su futuro. Y ahí surgen los problemas cuando se plantea qué estudiar. La decisión es difícil, pero se acrecienta aun
más cuando las expectativas familiares son demasiado altas y no hay un
buen diálogo. Las complejidades de esta determinación pueden
transformarse en una oportunidad si se consideran todas las alternativas
y se hace un análisis de factores, como las capacidades e intereses, la
empleabilidad, el ingreso promedio y el campo laboral. Desde hace un
par de décadas que surge una gran alternativa: la formación
técnico-profesional, la que no solo tiene una amplia oferta en el mercado, sino también una demanda creciente de matrícula,
que aumentó 43,8% entre los años 2010 y 2020. Y la Región de Magallanes
y Antártica Chilena debe ser una de las zonas del país que más requieren
este tipo de formación. Por eso, a la hora de decidir hay que analizar
muy bien, porque esta formación sigue siendo la opción más eficiente de
obtener un título, a través de carreras de alta demanda en áreas
productivas claves para la economía. A esto hay que sumar la permanente
necesidad de nuevos especialistas, sueldos muchas veces superiores a los
de una carrera universitaria, aranceles accesibles con múltiples formas
de financiamiento, además de acreditaciones rigurosas y específicas
para los centros de formación técnica, que aseguran la actualización de
sus planes de estudios.