Chapuzón antártico con identidad

No podemos olvidar, que la Capital de la Provincia  Antártica también desarrolla sus actividades propias de la  “Fiesta de la Nieve” y a la cual nadie puede abstraerse. Mientras  “ el mundo” de más al Norte, vive sus propias contingencias, los habitantes del extremo  poblado  reviven costumbres  tan propias del pueblo originario y que los  ubica como  la etnia  más austral del mundo. Grandes cazadores y recolectores marítimos, marcaron  presencia en las turbulentas aguas del  indómito mar. Sus manos tuvieron la destreza de configurar  canoas y embarcaciones que les permitían  sus desplazamientos y con ello, facilitar el  traslado de sus grupos familiares en busca de mejores condiciones de vida. 

La ribera del Beagle fue el mudo testigo de ello y receptor silencioso de innumerables conchales que hasta el día de hoy tapizan sus playas; pero también las hojas gloriosas de su historia. Cuando uno se introduce en ella, no puede menos que sentir admiración por la forma en que estructuraban su convivencia.  Sus códigos elaborados con sapiencia y acierto mostraban, cuán  lejos de ellos estaban las odiosidades y  ambiciones que dominan  el mundo actual. El respeto por quien asumía la autoridad o por los ancianos, era a toda prueba e inculcaban a temprana edad tales actitudes. 

Los acuerdos y decisiones eran tomadas en el seno de la opinión de los mayores y una vez tomadas, se asumían y se llevaban a la ejecución. Las mujeres asumían un rol preponderante en la vida cotidiana, eran quienes mantenían permanente  contacto con el mar.  Diestras en el arte del buceo, no titubeaban  en introducirse en el fondo y gélido mar  en busca del recurso  que resultaba ser el sustento del grupo familiar.  Según los investigadores, existían  razones  de conformación biológica, que  recomendaban  que tales tareas fueran asumidas por las mujeres. Hoy.,  en la persona de su principal figura, la abuela Cristina;  se inmortaliza  el legado   del  ancestral  pueblo  y por ende, el legitimo orgullo de pertenecer  a  quien Ercilla  en sus poemas épicos, se esforzará por describir:  “. . . la gente que produce es tan gallarda, soberbia y belicosa   que no ha sido por rey jamás regida  ni a dominio extranjero sometida. . .”. Por eso, he considerado  oportuno resaltar la iniciativa que se tuvo y en la cual la población captó con toda seguridad, la impronta que se quiso establecer. 

Restablecer esa armonía ancestral, entre el canal y su población circundante. Volver a dialogar y renovar los votos que sus ancestros sellaron en medio de las turbulentas olas o en el idílico ocaso de un atardecer, momento oportuno para elevar las plegarias  a ese ser que  les acompañaba  permanentemente  y por el medio del cual renovaban su fe y confianza, el que mostraba a través de los fenómenos de la naturaleza su aprobación o divergencia de las actuaciones de sus hijos, al menos así  lo interpretaban y de acuerdo a lo señalado por sus antecesores.

Por eso es que resulta muy positivo este gesto,  de involucrar a los vecinos con costumbres  y acciones que guardan un sentido y significado para el pueblo Yagan. Hermanarse con el mítico canal, que sigue por milenios el accionar de su entorno, significa renovar el sentido de identidad con su historia.

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