Este 5 de junio el destacado y reconocido sacerdote jesuita José Aldunate cumplió 100 años. Férreo defensor de los derechos humanos durante la dictadura, llegó tarde el reconocimiento institucional. Hace sólo un año recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos.
Fundador de los boletines “No podemos Callar” y “Policarpo”, ambas publicaciones denunciaban atropellos en momentos en que la prensa estaba censurada. Un hombre de una gran estatura moral, que no dudó en realizar acciones pacíficas fuera de los recintos de tortura, exigiendo respeto y dignidad a los detenidos.
Por ello no dudó ni un instante en reunir a feligreses y ciudadanos comprometidos para fundar un movimiento laico contra la tortura denominado Sebastián Acevedo, cuyas acciones fueron fuertemente reprimidas. Un personaje inmenso, lleno de amor por el prójimo, por la vida, la verdad y la libertad en toda su dimensión. Un cura de esos que hoy no abundan.
Cuando el año 2016 se le entrega merecidamente el Premio Nacional de Derechos Humanos, con voz pausada y con la humildad que se le conoce señaló: “No sé si soy digno de recibirlo”. Traigo a colación su figura en tiempos en que muchos lideres políticos y religiosos han abandonado su causa original. La defensa por los mas necesitados, por los estudiantes, por los trabajadores, por las dueñas de casa, por los maestros, por los niños y ancianos. Hoy abunda la intolerancia, la homofobia, rechazo a los migrantes, la contienda por el poder, la intransigencia, el doble estándar.
Y si bien todos dicen que los valores esenciales de convivencia deben cultivarse permanentemente por todos, en la practica eso no se observa. Por eso debemos hacer un esfuerzo y meditar detenidamente en cuáles son aquellos principios, normas y comportamientos que son fundamentales para vivir y ser mejores personas. ¿Cuáles son aquellas normas que te enseñaron de niño? ¿Cuáles has ido aprendiendo con la vida? ¿Cuáles sabes que existen, pero no los practicas? ¿Qué valores quisieras adoptar?.
Por eso no basta con decir que queremos una convivencia pacífica, hacer las cosas bien, respetar y querer ser respetado, si descuidas lo básico, la coherencia, el observar cómo nos comportamos en lo cotidiano, si efectivamente hacemos lo que decimos y pensamos, si no caemos en el dicho popular “cura Gatica, predica pero no practica”. Entonces hoy la invitación al recordar la figura de Pepe Aldunate, es a mirarnos al espejo y ver nuestras carencias valóricas y de comportamiento.
Todos somos seres imperfectos, con sueños y frustraciones, con actitudes altruistas y a veces con miserias. Así somos los seres humanos. Nadie es dueño del patrimonio de la moralidad. Pero cuando se intenta ser la voz de los demás, cuando se quiere representar a los demás, la mejor respuesta está en la almohada, ahí está tu conciencia y mejor prueba. Seguro el jesuita Aldunate ha llegado a los 100 años con tal reconocimiento a su trayectoria y vida, porque cada noche se cuestionaba cómo se logra ser mejor persona. Vamos a intentarlo!