Código de conducta y hospitalidad para el futuro del turismo magallánico

Siendo
medianamente optimistas, en dos años el mundo habrá alcanzado una
“nueva normalidad” o “normalidad post pandemia”. En ese escenario
regiones del mundo alejadas y con grandes espacios para el esparcimiento
de calidad cobrarán una importancia incluso mayor para viajeros del
perfil de aquellos que visitan Magallanes (especialmente pasajeros de
países desarrollados del hemisferio norte con nivel de ingreso mediano y
alto). Este “tiempo de espera” podría servirnos para reflexionar cómo
seguir mejorando la calidad de nuestra oferta como región prístina y,
muy importante, “amable” y “acogedora”. Quienes visitan nuestra región
reparan que, comparativamente, nuestras ciudades y pueblos son más
limpios y ordenados y que, pese a nuestra lejanía, nuestro comercio
ofrece todo lo que el visitante puede requerir, amén que nuestros
hostales, hoteles, restaurantes y cafés tienen cierto “acento europeo”.
Esta característica se debe no solo a que nuestro acervo que incluye
elementos arquitectónicos y de ordenamiento territorial de diversos
orígenes, sino que, también, al esfuerzo del turismo magallánico por
“adaptarse a los gustos” del visitante. Un logro que a largo plazo
representa una promesa mayor: la de transformar a la industria del
turismo austral y antártico en pilar principal de la economía regional.
Esto, no obstante, requiere de un compromiso mayor de todos los
ciudadanos. Para que el turismo -y su efecto multiplicador sobre el
empleo y el bienestar de las familias- se consolide como pilar de “el
Magallanes que todos quieren” es preciso un compromiso mayor de las
autoridades (especialmente las municipales) y -esencial- de todos los
ciudadanos. Si realmente queremos consolidarnos como una región del
mundo que el visitante recomiende a sus “conocidos” como “imperdible”
(el mejor de los mejores “marketing”), es necesario un “código de
conducta y hospitalidad” que “eduque” y nos ayude a, por ejemplo, evitar
exponer al visitante que arriba a nuestra región (la mayoría después de
20 o más horas de viaje) a la abominación de los “autos roncadores”,
propios de películas de gánsteres y traficantes de drogas, que no
guardan ninguna relación ni con la historia de Magallanes, ni con su
patrimonio natural. También es necesario “mejorar” el “cuidado social”
de nuestro borde costero, transformado en “basural” por gentes que, de
otra forma, son “ambientalistas”. Es sin duda desilusionante ver cómo el
esfuerzo de autoridades y trabajadores municipales, y de empresarios y
trabajadores del turismo se ve relativizada por la perspectiva de una
playa cubierta de basura y neumáticos abandonados. Horrible. Igualmente
prioritario es el mejor cuidado y conservación de nuestros humedales
urbanos, especialmente del Humedal de Tres Puentes, una joya que la
comunidad puntarenenses debe aprender a cuidar de la basura y de los
perros baguales, que producen un daño aun por mensurar sobre especies de
aves residentes y altam
ente
migratorias, protegidas por la normativa internacional (otra
contradicción de ciertos “ambientalistas” que ‘¨cuidan” perros
callejeros, pero que no se hacen cargo del daño que estos producen sobre
el patrimonio natural). Una protección similar debería garantizarse a
las colonias de al menos dos especies de cormoranes legalmente
protegidos, que todo el año otorgan un signo de calidad ambiental al
borde costero de Punta Arenas. El periodo de anidamiento ya ha
comenzado: en pocas semanas tendremos sobre la playa a decenas de
juveniles que, después de abandonar el nido, esperarán a sus padres con
alimento. Allí serán presas fáciles de grupos de perros callejeros
responsables de un impacto ambiental enorme, y de un espectáculo de aves
protegidas muertas sobre la playa, que escandaliza a visitantes y
locales. La tarea de generar un “código de conducta y hospitalidad
ciudadana” podría ser una tarea compartida entre las autoridades
locales, gremios (no solo el del turismo) y el conjunto de los
ciudadanos (especialmente aquellos agrupados en entidades de la sociedad
civil). Cuidar, proteger y “hacer más amables” nuestras ciudades y
nuestro patrimonio ambiental es -por supuesto- “un tema que convoca”,
que nos p
uede
ayudar a fortalecer la empatía regional que, seguramente después de las
próximas elecciones, “aceptará aportes” para cuidar nuestra amistad
cívica y nuestra calidad de vida.

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