Hace
solo diez años jamás íbamos a pensar que el sentimiento de inseguridad
se iba a apoderar de quienes habitamos en la zona más austral del Mundo.
Un vecino de Punta Arenas narraba hace pocos días que está aburrido de
la delincuencia. Hace unas semanas ingresaron a robar a dos casas
cercanas a su domicilio. Él vive en un sector de personas de esfuerzo.
De familias que día a día tienen que salir a trabajar fuertemente para
sobrevivir y las condiciones de seguridad que nos está ofreciendo
nuestra ciudad no son las mejores. Muchos ya perdieron las esperanzas
porque a sus súplicas de mayor seguridad no hay
respuestas. No es posible que esto siga ocurriendo. Hay muchos vecinos
puntarenenses que están muy atemorizados y que necesitan que haya un
mejor resguardo para todos. Como magallánicos sentimos que la
delincuencia se está apoderando de nuestra ciudad. Incluso con
continuo robo de ganado. Antes, por televisión veíamos cómo en Santiago
se iban enrejando y nosotros no queríamos llegar a ello. Tras el
estallido social, se normalizó el vandalismo y la delincuencia. Las
policías podrían aumentar su dotación y las autoridades ponerse en el
lugar de cada uno de los habitantes. El respeto por los demás no está
existiendo hoy y eso nos preocupa. Hay muchos hogares en los que viven
adultos mayores y ellos están sufriendo, porque ellos ven cómo su ciudad
se ha ido deteriorando por la calidad de las personas. Hoy vemos cómo
la delincuencia está tomando nuestras calles y nadie se atreve a hacer algo. Es hora de que pongan el freno y si hay que aumentar las vigilancias, por favor háganlo.