Hoy los llevaré por un conjunto de ideas para analizar y discutir.
La
homilía del Arzobispo de Santiago Fernando Chomali en el Tedeum
ecuménico, se concentró en la esperanza. En ella expresó: “Tanta
esperanza hay gracias a los emprendedores y empresarios, desde el más
pequeño hasta el más grande, que generan empleo, producen bienes y
servicios para la población y contribuyen así, de manera fundamental, al
desarrollo del país.”
Por
su parte, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el
Delito, define la esperanza como: “actitud o un estado de ánimo realista
pero optimista, la creencia de que un cambio positivo es posible y la
voluntad de establecer y trabajar para conseguir objetivos.”
Por
último, La Prensa Austral resume la encuesta realizada por el
Ministerio de Economía en conjunto con el INE, concluyendo que de un
total de 17 mil micro emprendedores de Magallanes, el 50% es informal, y
de acuerdo a la tendencia nacional 3.700 tendrían un colaborador
informal (sin contrato de trabajo). Concluimos que 12.200 magallánicos
trabajan en la informalidad. No hay aporte de impuesto, previsión o
seguro social.
El
actual Gobierno cada vez que se presenta una deficiencia en nuestro
país, llama a aprobar la reforma tributaria, para generar los recursos
suficientes. Discursos oportunistas que generan una falsa esperanza, ya
que no existe ni existirá una reforma tan potente que resuelva todos
los problemas sociales. Ni aún cuando se expropiara a todos los ricos
de sus bienes, los recursos se acabarían, y solo sería un veranito de
San Juan, porque no habría quien hiciera crecer al país. Las Naciones
Unidas, dice que la esperanza debe ser realista, sino caemos en la
frustración y la negatividad que congela e impide buscar salidas.
La
recaudación fiscal depende del crecimiento económico del país, siendo
su oponente la informalidad que no respeta la regla social de que, todo
ciudadano debe aportar impuestos según la actividad que desarrolle, para
beneficio de los más desposeídos y de uno mismo. El país vive de un
66.7% de impuestos que todos aportamos. Por eso indígnese cada vez que
exista evasión y elusión, porque son personas que atornillan al revés en
nuestra sociedad.
El
individualismo nos corroe. El “sálvese quien pueda”, el “quiero verme
exitoso a toda costa”, implica un deterioro social paulatino que nos
lleva al mínimo esfuerzo, la flojera y la comodidad de la mediocridad.
Las
microempresas formales hacen lo suyo, trabajan en días feriados, luchan
24 horas 7 días a la semana, cumplen con todos los requisitos legales y
las odiosas fiscalizaciones, mientras el Estado permite que los
informales sigan creciendo, dañando anímica, conductual y económicamente
al país. El camino no es solo una reforma tributaria, es orden,
disciplina, sanción y castigo que impidan conductas repudiables. Que la
inercia estatal no mate la esperanza, dejando que la informalidad, la
flojera e irresponsabilidad social se apodere de nuestro país.