Hagan
un ejercicio, vayan donde un niño o niña y pregúntele qué quiere ser
cuando grande. Bombero, astronauta, médico, recolectora de basura,
piloto y un largo etcétera que por años se van repitiendo, salvo una
excepción… hoy es muy difícil escuchar a los más pequeños soñando con
ser carabineros.
El
descrédito de la institución no es culpa de los marxista leninistas, ni
de la invasión extranjera o de los terraplanistas que se propusieron
destruir a los fundados por Carlos Ibáñez del Campo hace ya casi 100
años. El colapso es producido por años de violencia injustificada, por
abuso de poder de quienes justamente tienen más poder, por las
constantes violaciones de los derechos humanos (y con más fuerza desde
el estallido social) y por los robos conocidos por todos los chilenos y
la opinión pública.
Lo
ocurrido hace unos días en Panguipulli y el joven malabarista que fue
asesinado por tiros que financiamos todos los chilenos, demuestra una
vez más la nula preparación que tienen los encargados de mantener la ley
y el orden. Ante un constante hostigamiento realizado por la autoridad,
eso según relatan los testigos, Francisco reacciona de mala forma y se
abalanza contra carabineros, pero, ¿no se supone que ellos saben cómo y
cuándo utilizar la fuerza? ¿no se nos ha dicho que deben, en lo posible,
no reaccionar con violencia y sí debiesen llegar al extremo, esta
debiese ser proporcional al ataque? ¿Se cumplieron los protocolos? La
respuesta es clara, no.
Una
institución que esté a cargo del orden público y que realmente se
preocupe de protegernos frente a la delincuencia y el narco es
absolutamente necesaria. Debe contar con el respeto y apoyo de la
ciudadanía, pues son imprescindible también para la democracia de todo
un país, pero lamentablemente en la actualidad no dan el ancho. Yo no
soy experto en políticas de seguridad ni mucho menos, pero se debe ya
cambiar la lógica de lo que hemos conocido en los últimos años.
No
sé si refundar o corregir a Carabineros, pero si hay experiencias que
han significado cambios, como por ejemplo que un civil quede al mando,
tal como ocurrió con la PDI en el retorno a la democracia. Que los
expertos metan mano y que el Gobierno también deje de mirar para el lado
para que esto que nos pone en riesgo a todos, de una buena vez por toda
cambie para bien.
Se
debe terminar también con ese sesgo clasista que tiene la institución,
donde los hijos de o los con más recursos pueden entrar a la escuela de
oficiales y los “paquitos” se van a la de suboficiales, entendiendo
desde ya, que no son todos iguales los que quieren ser carabineros,
forjando el futuro y ascensos no por cualidades o capacidades.
Hoy
nadie se siente seguro, salvo la bancada de diputados de la UDI que
respalda todo y cada uno de los hechos de Carabineros. No da confianza
toparse con la fuerza pública porque no sabes cómo van a reaccionar o
cuál puede ser su actual, sin importar de quien esté al lado, acá pagan
niños y niñas, hombres y mujeres, los adultos mayores, todos por igual.
Como
experiencia personal, fueron años de constantes agresiones sin sentido
al interior de los estadios de fútbol, sin previa provocación. Palos en
las entradas, pisotones y empujones con los caballos, golpes de puños e
insultos constantes, que incluso en algún minuto llegamos a normalizar y
entender que era el “costo” que debíamos pagar por seguir a un club
determinado.
Con la muerte de hace algunos años de “Chespirito”, ahora, ¿quién podrá defendernos?