Construir sobre la base del diálogo y el respeto

En
la vida todo es perfectible o más claramente, siempre se puede mejorar,
corregir , enmendar y hasta modificar. Pero, no necesariamente debes
destruir o destrozar lo existente. A esta altura imagino o pienso que ya
saben a qué me refiero.

Hace
tiempo en nuestro Chile, rondaba la idea de modificar la Constitución
que nos ha regido hasta ahora. La propuesta de hacer cambios o de
proponer una completamente distinta no apareció ayer, sin embargo en
esta oportunidad se ha avanzado suficiente como para estar pronto a
decidir mediante votación si ese proyecto se concretará finalmente o si
será un nuevo intento fallido.

Los
argumentos esgrimidos casi siempre, tienen relación con que la actual
carta magna “es la de Pinochet”. Puede que aquí se haya caído en un
error de forma al momento de plantear la necesidad de realizar cambios
en el texto, cada vez que se intenta atribuir la Constitución a una
especie de patrimonio personal del gobernante de turno, para recién
después incluir en la fundamentación aspectos tan relevantes como salud,
educación, medio ambiente, igualdad de género, entre otros más.

Así
es como, cobró fuerza multiplicadora la necesidad de cambiar la
Constitución para reemplazar “la de Pinochet”, y no por considerar
imperioso actualizar la carta fundamental a los tiempos que corren y
frente a la necesidad de contar con más derechos en el contexto de una
sociedad muy distinta a la de 50
años atrás.

De
esta manera, nos encontramos de frente con suficientes argumentos
construidos con el objetivo de validar una idea preconcebida y menos con
la sincera voluntad de dar respuesta a las necesidades del país y sus
habitantes.

Inquieta
observar una realidad donde la manipulación de los conflictos se
transforman en complejas situaciones sin salida y donde la constitución
política no apunte a ser un verdadero instrumento que permita a la
nación un desarrollo en plena armonía y bajo estructuras diseñadas y
consensuadas en un ambiente democrático.

Por
el contrario, lamentablemente nos hemos visto envueltos en un clima de
agresividad, violencia y desinformación constante, generalizada que solo
conduce a más hechos condenables.

Evidentemente
la situación se ha escapado de cualquier tipo control y no es extraño
si pensamos que, durante la revuelta de 2019, la violencia de las calles
fue muchas veces avalada y no en pocas oportunidades promovida por
sectores que hoy se asumen como dialogantes o poseedores de una certeza
absoluta, pero que rápidamente se queda sin argumentos y recursos al
momento de poner freno a una realidad que nos desborda y que mantiene
vigente un clima lejos de la paz que anhelamos.

Divide y reinarás dice una conocida expresión, y eso es precisamente lo que al parecer pretenden algunos.

A
no confundirse, personalmente creo en los cambios y las
transformaciones siempre necesarias en un contexto local y global
dinámico y en constante movimiento, pero creo también en las
instituciones, en quienes las conforman y dan vida, en el respeto por
ellos y por quienes han dedicado mucho esfuerzo y trabajo para ir
constituyendo un mejor país, más inclusivo y justo, por eso es que no es
posible construir sobre la base de las ambigüedades y los doble
discursos, muchos menos sobre el miedo que genera el ambiente de
violencia que hoy se nos presenta.

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