Dogmatismo y pragmatismo

¡¿…?! ¿Cuál es cuál?
¿Qué es uno y qué el otro? Veamos. Dogmatismo, según el DLE, es
“presunción de quienes quieren que su doctrina o sus aseveraciones sean
tenidas por verdades inconcusas”. Es decir, verdades que no se dudan ni
les atañe contradicción alguna. Y, pragmatismo, “preferencia por lo
práctico o útil”.

Opuestos
y no tanto. ¿Uno mejor, el otro peor? Ni tan así. Solo circunstancias
temporales y espaciales les enfrentan, y no son eternos esos tiempos y
contextos.

A veces impera uno, a veces, el otro, mas ninguno debe predominar sin demora. Deben sostenerse armónicamente.

El
dogmatismo se asienta en una suerte de doctrina o dogma, lo que
implica, a su vez, disciplina, instrucción, preparación, saber. Ello se
sostiene o explica porque se cimenta en la afirmación de una verdad, que
construye o edifica una ortodoxia. Es difícil adoptar una única postura
con la que se coincide de manera significativa, pero no en su
totalidad. Si por ventura se señalan matices, o se aventuran posiciones
diferentes y se rigidizan unas y otras, se producen cismas, quiebres,
que pueden derivar en la formulación de nuevos idearios, o en la
construcción de nuevos paradigmas sociales o ideológicos.

¿Qué
puede incidir en esta nueva edificación de idearios? Uno, quizás dos,
básicamente. El contexto espacial y el temporal. O es el tiempo o es el
espacio, dos variables imperecederas, permanentes. Que afectan, afectan.
No es lo mismo este tiempo, el de un siglo veintiuno, que el del siglo
diecinueve. Son realidades temporales y espaciales diferentes y exigen
acomodos, planteamientos distintos. Hay hechos de magnitud que impelen,
que gatillan cambios, adecuaciones, por ende, enfoques, puntos de vista
diferentes a escenarios anteriores.

¿Qué
hacer? Detenerse, analizar, reflexionar, y adoptar posiciones acordes a
nuevas realidades. Todo esto está gatillado, provocado por escenarios
prácticos de nítida evidencia empírica, constatable. Pragmatismo
evidente, sino puro. La evidencia concreta, los datos numéricos, los
registros marcan y señalan rumbos, sino rigen los marcos ideológicos que
delimitan ciertas doctrinas, o sirven de soporte a las mismas.

Creo
que en estas últimas decenas de años priman más los pragmatismos que
los dogmatismos, pues estimo que estos se deben adecuar a realidades
concretas, emergentes, sino urgentes de contextos locales y globales, a
la vez. La moda de un entorno comunitario y sus soluciones no han de ser
aplicables ciento por ciento a otro de similares características. Hay
raíces, hay esencias culturales que no permiten tales traspasos.

El
espontaneísmo dominante en la formación de conglomerados, varios, con
mucho adjetivo altisonante, tan solo, ha sido detonante en la
constitución de muchas agrupaciones de relativa vida, sin sustrato
filosófico, ético, dominante. Así, ello ha derivado en articulaciones y
rearticulaciones de estos grupos sin liderazgos apreciables.

Dogmatismo versus pragmatismo.

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