Ecos de fiestas patrias y algo más…

Las
recientes fiestas patrias han tenido ecos más potentes que el
tradicional sonido de cuecas, zapateos, brindis y tantas cosas y gestos
hermosos, tan propios de nuestra alma nacional, como la celebración de
los 40 años de existencia del Círculo de Suboficiales Mayores y
Suboficiales en retiro “Noel Valenzuela” y que compartimos alegres y
emocionados.

Además,
guardo gratos recuerdos del Te Deum del Pueblo Cristiano Evangélico, en
su templo, con clamores respaldados por la biblia y en medio de
alabanzas a nuestro padre eterno y peticiones de bendiciones y
protección para nuestra región y nuestro país, nuestros jóvenes,
nuestros hogares, nuestras instituciones y, más aún, si nuestro amigo
pastor David Paillán nos regaló a mi esposa, a nuestra Familia, una
bendición especial que recibimos en medio de un abrazo fraternal.

Notables
las prédicas de los pastores Merino y Raín junto al obispo Blanco, en
la Catedral, ante la presencia de las autoridades, de los mandos y
personal de nuestras Fuerzas Armadas y de civiles que, como mi señora y
yo, aquilatamos en todo su valor.

También
quedó en el recuerdo el reencuentro de las familias con las
tradicionales actividades dieciocheras en torno a un asado regado en
forma responsable con un par de vasos de buen vino o en la visita a
stands o kermeses, tan propias de nuestra región, así como también el
trabajo esforzado de Carabineros, PDI y personal municipal en el
reguardo de nuestra seguridad ciudadana.

Y
el broche de oro, este “18” más que nunca, la gallardía de nuestro
Ejército, siempre vencedor, jamás vencido, con su presencia en las
comunas más lejanas y con un marco de público cariñoso en nuestra
ciudad, más capital de la Patagonia, y en la parada militar en Santiago.

Pero,
cuando esos sones alegres aún no se apagaban, estalló el hackeo de los
documentos del Estado Mayor Conjunto de la Defensa Nacional, sus
consecuencias inmediatas y abriendo la puerta a las que habrán de venir
por la gravedad del hecho.

Y
también vimos cómo se gastó millones en un viaje a la ONU, pero no a la
Araucanía, de un grupo de autoridades, encabezadas por el Presidente,
para rendir homenaje a una figura política de triste recuerdo en la
historia chilena y, finalmente, hacernos saber que fue una iniciativa
que, al final, como en un antiguo bolero, tuvo “sabor a nada”.

Y
a prepararse para lo peor, que ya está aquí: una inflación que crece
día a día; alza en el precio de los combustibles; tasas de interés para
los créditos por las nubes; crímenes y delincuencia desatados; más
atentados en la Macrozona Sur, narcotráfico en pleno auge e intentos por
desvirtuar el triunfo del Rechazo, por parte de cocineros que “lo hacen
de arrebato… se comen la longaniza y le echan la culpa al gato”.

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