Vuelven los niños y jóvenes al colegio y comienza un nuevo año de desafíos para las familias, con un tema que sigue siendo crucial para la salud mental de los estudiantes: el bullying.
Un total de 130 millones de estudiantes de todo el mundo padecen de acoso escolar; uno de cada tres jóvenes entre los 13 y 15 años es víctima, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Y el panorama se ha recrudecido por la manera como el bullying ahora se da en las redes sociales, un entorno donde es más difícil reaccionar.
El ciberacoso es un tipo de violencia que puede producirse en cualquier contexto, pues los menores pasan mucho tiempo conectados, y la violencia se produce en cualquier momento. Esto provoca secuelas mayores en las víctimas, que presienten que nunca están “a salvo”, provocando en ellos sintomatología ansiosa de gran calado, incluso ideación suicida, trastornos depresivos y estrés agudo.
Para poder enfrentar el ciberbullying hay que contribuir a la prevención de este fenómeno y eso es una responsabilidad conjunta entre instituciones educativas, docentes y las familias.
Es así que en los establecimientos educacionales año tras año señalan que en los espacios de convivencia no se deben tolerar situaciones de abuso, maltrato, humillación, y debe quedar claro para todos, sin embargo, pese a que se señala, pese a que se escribe en diversos protocolos eso sigue ocurriendo.
Es de esperar que las instituciones este año funcionen y que fiscalicen cuando corresponde. Esperemos que este 2024 disminuya y se radique el bullying y el ciberbullying y de esa forma nuestros estudiantes no vean perjudicados sus estudios.
Si vemos que se ejerce acoso sobre un joven, se debe notificar a la escuela y, de ser necesario, a las fuerzas de la ley, y desplegar los protocolos establecidos. Se debe entablar conversación a solas tanto con el agresor como con la víctima, así como con los testigos, para contrastarlo con la postura y opinión de los tutores o profesores respecto a la convivencia en el espacio común, como el aula.
No se puede tapar el sol con un dedo. El mundo digital hace parte de nuestras vidas, mucho más en la de los jóvenes, y más que entrar en la prohibición del acceso a la tecnología, se debe abordar esta realidad con sus pros y contras.