Hace
casi 60 años era impensable la incorporación de la mujer al ámbito
laboral a la par del hombre. Las generaciones que superan las cinco
décadas nacieron en una sociedad muy machista y donde a la mujer le
competían roles secundarios. Hoy esa realidad sufrió un vuelco
sustancial y hay estudios que comprueban que la mujer está más
capacitada para participar en el campo laboral y asumir roles
relevantes. No obstante, a veces este papel se ve enfrentado a la tarea
de proteger a la familia y acompañar a los hijos. La pregunta que se
hace hoy es la siguiente: ¿Cómo puede el sector público o el privado
ofrecer un campo de desarrollo que permita a la mujer conciliar ambos
roles? Porque no podemos desconocer el valor de la presencia de la mujer
en el hogar, que asegura en mayor medida la formación equilibrada de la
familia. La mujer cumple el rol más fundamental en la familia. La mujer
es irreemplazable. Ella, al estar abocada al trabajo, necesita destinar
un tiempo a tareas que permitan resguardar la protección de la familia.
Eso es lo que se debe ofrecer como condición básica a la mujer que
trabaja. Recientes estudios señalan que Chile es el segundo país de la
región, después de Colombia, donde más mujeres se han incorporado al
mercado laboral. Por lo mismo, es indispensable que esta creciente
participación, hoy de 48%, no perjudique el cuidado de la familia, pero para ello hay que brindarle la oportunidad de desarrollo profesional.