El triunfo del NO

Tenía 18 años para el plebiscito del año 1988. Mi adolescencia como la de muchos de mi generación fue marcada por la resistencia a la dictadura cívico militar. Recuerdo que para el plebiscito había un ambiente de miedo por la represión y violencia sistemática ejercida por agentes del Estado. Había desconfianza a que el dictador y su cómplices reconocieran el triunfo de las fuerzas ciudadanas de oposición. Había desinformación y limitaciones para acceder como oposición a los medios de comunicación y muchos de los partidos de oposición estaban proscritos. Sin embargo, el 56% de los ciudadanos del País vencieron el miedo, la represión, la desconfianza y la desinformación y armados de valentía y unidad le dijeron NO  a la dictadura.

Recuerdo gente valiente, jóvenes y adultos, mujeres y hombres, que a rostro descubierto hicieron campaña por el NO, se expresaron y manifestaron públicamente, y generaron un clima de esperanza, de optimismo, de creer que otro Chile era posible. Recuerdo el rostro de miles de chilenos que se levantaron temprano para votar, el rostro de los apoderados que en cada mesa se sumaron a defender los votos del NO, las miradas cómplices entre votantes, vocales y apoderados que sin decir nada nos fortalecíamos y nos generaba una sensación de optimismo. Recuerdo a cientos de rostros de jóvenes menores de 18 años que cumplieron labores de enlace y apoyo para poder tener nuestro propio control de los resultados.

Recuerdo la alegría del triunfo, la expresión en muchos rostros de liberación, de futuro, de unidad, optimismo, de esperanza. Vi gente llorando de alegría. Vi gente dándole la mano y abrazando a Carabineros, símbolo directo de la represión, en señales claras que la gente quería la reconciliación. Recuerdo que esa noche escuchamos una vez más las palabras del Compañero Presidente: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Hoy día los socialista al igual que en los años 80 reafirmamos nuestro compromiso por la democracia y por la búsqueda de entendimiento y unidad de todas las fuerzas democráticas y de los ciudadanos que quieren un Chile sin ningún tipo de desigualdades, en plenitud de derechos y dignidad de las personas. Otro Chile es posible y debemos construirlo todos, reconociendo nuestras diferencias pero por sobre todo avanzando hacia nuestras visiones comunes.

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