Estrés laboral en el personal de Salud

No
es un secreto que el estrés relacionado con las demandas laborales del
personal sanitario conlleva un mayor riesgo de agotamiento. Lo que
muchos no saben es que el estrés laboral crónico puede conducir a un
estado de agotamiento emocional que algunas veces se acompaña de
sensación de ineficiencia (no hacer bien su labor), actitud cínica o
distante frente al trabajo e incluso la pérdida de habilidades para la
comunicación.

Es
lo que conocemos como síndrome del quemado y se ha constituido en uno
de los problemas de salud mental más discutidos. Tanto es así que en
2019, la Organización Mundial de la Salud reconoció como enfermedad al
Síndrome de Desgaste Profesional o de “burnout” tras la ratificación de
la revisión número 11 de la Clasificación Estadística Internacional de
Enfermedades y Problemas de Salud Conexos (CIE-11) cuya entrada en vigor
fue dispuesta para el próximo 1 de enero de 2022.

La
depresión, los trastornos de ansiedad y de adaptación, estrés
postraumático, trauma vicario y la fatiga por compasión también afectan a
los profesionales que trabajan para aliviar el sufrimiento en la vida
de las personas que atienden.

Hoy,
inmersos en una pandemia, el agotamiento físico, mental y emocional de
uno de los colectivos profesionales que sufre mayor nivel de estrés
laboral, cobra especial relevancia. El padecerlo puede afectar la
capacidad de trabajar con los pacientes de manera competente. Esto hace
que abordar el estrés laboral y sus consecuencias sea una obligación
ética de varios actores, pero que requiere en especial que los mismos
protagonistas tomen las medidas necesarias para combatirlo.

Los
profesionales de la salud a veces dejan de lado sus propias emociones y
olvidan que son vulnerables. La sociedad elogia a quienes literalmente
trabajan hasta “el cansancio”, muchas veces desatendiendo su propio
cuidado personal para ayudar a los demás. Pocas veces se aprueba al que
toma un tiempo libre para recuperarse, lo que puede provocar que el
personal sanitario sienta el autocuidado como una actitud egoísta y
terminen por caer en comportamientos dañinos como involucrarse en temas
laborales en sus días libres. Aunque sea difícil, hay que desprenderse
del miedo de decepcionar a alguien o de la emoción de sentirse
indispensable y aprender a decir que no.

Deben
además incluir en su rutina grande del cuidado personal: sueño
adecuado, nutrición saludable, actividad física, relajación y
socialización. No obstante, el cuidado personal es único para cada
persona puesto que lo que funciona para algunos, muchas veces no
funciona para otros.

Ser
testigos del sufrimiento humano despierta muchas cosas dentro de uno
mismo. Como si fuera poco, los trabajadores de la salud no solo se están
enfrentando a turnos más largos, mayores muertes de pacientes,
preocupaciones por el equipo de protección personal; también están
experimentando los mismos problemas que el resto de las poblaciones
incluidas sus pacientes, como el miedo al contagio.

Ciertamente
es un momento en el que están sucediendo cosas terribles, pero hay que
procurar concentrarse en lo positivo y celebrar las victorias, como
cuando los pacientes dejan los ventiladores y egresan de los hospitales.


Es importante recalcar a los trabajadores de la salud que no deben
sentirse culpables por tomarse el tiempo para divertirse y reír en estos
momentos de tristeza y ansiedad. Realizar actividades divertidas con
familiares, amigos o compañeros, siempre y cuando no descuiden las
medidas preventivas, puede reponer la energía necesaria para seguir
adelante y sentirse tranquilo que se hizo todo lo posible por cada alma,
entregando lo mejor de cada uno siempre en nuestro quehacer diario.

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