Expectativas y especulación v/s la realidad

La
potencial consolidación de la industria del hidrógeno verde está
provocando una serie expectativas que podrían ser peligrosas para una
región que, hoy más que nunca, requiere de certezas. Cientos de miles
de empleos para la construcción y miles de empleos para la operación de
las plantas, todo para los(as) magallánicos(as), fast track para los
permisos ambientales, mayor poder adquisitivo y convertirse en los
líderes mundiales de las energías renovables y combustibles verdes son
parte de esas expectativas.

La
especulación después de escuchar tantas noticias se ha hecho evidente.
Personas que compran departamentos para arrendarlos en el futuro a
estos(as) trabajadores(as) de la industria, importadores de automóviles
trayendo vehículos de alta gama, un valor del suelo y los terrenos
absolutamente desmedido, sostenedores pensando en ampliar o construir
nuevos establecimientos educacionales privados o particulares
subvencionados, y la mayoría de los y las magallánicos pensando en que
algo de eso “les tocará”.

La
realidad de la industria es que efectivamente la región tiene ciertos
atributos que son atractivos para el desarrollo de estos proyectos.
Amplios espacios para los parques eólicos, disponibilidad de viento y
agua para el proceso, un paso bioceánico natural que asegura una certeza
en logística, a diferencia de la situación actual y futura del canal de
Panamá, la opción del desarrollo de infraestructura portuaria para
tales efectos, la opción de desarrollar combustibles en un país distinto
del suyo, para demostrarle al mundo el uso de esos combustibles verdes y
cumplir con compromisos internacionales de reducción de emisiones de
CO2, liberándose de los pasivos ambientales.

Y
la realidad para la región de Magallanes es y será la siguiente: una
región que hoy no tiene la capacidad de proveer de todos los
trabajadores para la construcción de las plantas, lo que provocará que
las mismas empresas los traigan desde el norte, obligando a construir
campamentos cercanos a los proyectos. Una oferta insuficiente de
viviendas en todos los estratos de la sociedad, ciudades que no están
preparadas en términos de infraestructura caminera para recibir ni una
de las aspas que se instalan en los molinos, una infraestructura
portuaria insuficiente tanto para recibir las miles de toneladas de
equipamiento para la implementación de los proyectos como para el
potencial de producción y exportación y, por estos días, se suma el
fracaso del estudio de actualización de la zonificación del borde
costero, lo que retrasará las definiciones de sus usos, condición sine qua non para la exportación de los combustibles verdes.

La
realidad para Magallanes será que tendremos una costo de vida aún más
alto del que tenemos hoy, solo por el hecho de ser productores de
combustibles verdes y eso reducirá nuestro poder adquisitivo, y la
mayoría de los(as) técnicos y profesionales capacitados para esta
industria vendrán de fuera de la región y copiarán el modelo de las
mineras del norte, semanas trabajando acá, y el resto en sus ciudades de
origen capitalizando sus sueldos, y un Magallanes que en varias décadas
más será una zona de sacrificio, ¿o usted cree que estos países se
llevarán de vuelta todos los pasivos ambientales?.

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