La
inequidad territorial en la comuna de Punta Arenas es brutal. Las
plazas, faros y calles no son las mismas para los de menos ingresos
económicos en comparación a los que más tienen. ¿Por qué se produce esta
discriminación arbitraria si los impuestos los pagan todos por igual?
Es esa pregunta la que venimos haciendo durante años.
Tuve
la oportunidad de ser concejal de Punta Arenas y por ese entonces
denunciábamos y veíamos abiertamente como se discriminaba desde los
proyectos que ingresaban del Gobierno, siendo los más necesitados a los
que más se perjudicaba. Las ironías de la vida.
En
este recorrido constante, una vez más tuvimos la oportunidad de estar
en la Población Alfredo Lorca, compartir con sus vecinos y conversar con
unos jóvenes idealistas y llenos de sueños que formaron el Club
Deportivo, Recreativo, Social y Cultural Lautaro, con la finalidad de
combatir los prejuicios que presentaba la población, además, de
incentivar a todo el sector a la prevención del consumo de sustancias
ilícitas y conductas indebidas.
Iniciativa
maravillosa de esfuerzo y sacrificio, donde los pobladores ayudan a los
pobladores… así se hace tejido social, esa es la comunidad que debemos
estimular y hacerla germinar como un árbol fuerte frente al viento.
Pues
bien, actualmente las vecinas y vecinos del sector se encuentran con su
gimnasio cerrado, teniendo que trasladarse largos kilómetros para hacer
las actividades programadas ya que llevan años esperando que la
Municipalidad de Punta Arenas les permita su utilización.
La
negativa es increíble, hoy tienen un gimnasio cerrado a la comunidad
que claramente tiene deficiencias, pero que no han tenido ni la más
mínima voluntad política de arreglarlo. Cuánto más tendrán que esperar
los que viven en la Lorca.
Ya
se hace insostenible, siendo la Municipalidad la encargada de promover
el desarrollo comunitario y de quien depende a su vez este gimnasio. La
solución tiene que ser ya por parte de la autoridad a esta agrupación de
más de 100 participantes, entre hombre y mujeres, niños y adultos, que
imploran por un espacio seguro donde seguir aportando para el futuro.
Las
herramientas las tienen a la mano el alcalde y su concejo para dar una
pronta solución, sólo falta que la desidia hacia todo un sector que,
llenos de carencias y con valentía, se niega a claudicar.