En
los últimos días se han revelado oficios internos de la Subsecretaría
para las Fuerzas Armadas, en las que se inicia una campaña para
intervenir ideológicamente los programas de estudios de las escuelas
matrices.
Las
Fuerzas Armadas son apolíticas y su formación es y ha sido impartida de
acuerdo a las respectivas Instituciones. Pretender que políticos de
turno, con marcado sesgo ideológico y animadversión con las FF.AA., sean
junto a asesores de dudosa preparación, los responsables de decidir qué y cómo se prepara a los futuros oficiales, parece impresentable.
En
países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, el camino hacia lograr el
poder total, fue precisamente infiltrar a las Fuerzas Armadas para
después perpetuar regímenes autoritarios muy lejanos a la democracia.
El
arribo de un subsecretario ex Arcis, a la subsecretaría, derivó en el
despido de profesionales de alto nivel y reemplazados por personal afín
ideológicamente al Partido Comunista.
Quienes
juraron dar la vida por la Patria, si fuese necesario, no pueden ser
preparados en su formación militar, por personas que tienen un fuerte
sesgo ideológico.
Las
FF.AA. tienen una larga tradición de formación militar, cuyo principal
objetivo es preparar soldados y oficiales para defender la soberanía del
país y además colaborar en emergencias nacionales.
Se
requieren programas muy específicos en que la tradición militar y los
valores de la Patria son transmitidos en las escuelas matrices y más
tarde en academias de guerra de alto nivel. Quienes han perseguido
sistemáticamente a las FF.AA. en los últimos años, con fuerte ánimo
revanchista, no parecen los mejores para determinar planes de estudio
complejos y específicos.
Lo
sucedido en varios países de América Latina, debe ser considerado, para
no caer en la misma trampa. Los resultados del último plebiscito, con
un contundente triunfo de quienes quieren un Chile unitario, con respeto
a nuestra historia y a nuestra bandera, deberían hacer recapacitar a
los políticos extremos que hoy controlan importantes ministerios, que le
pertenecen a todos los chilenos. La provocación a las FF.AA. es una mala estrategia.