Chile
sufre con la inmigración ilegal. La delincuencia, los portonazos, los
asesinatos, el narcotráfico, el colapso de sistemas de salud y
educacional, la pérdida de costumbres y tradiciones y el comercio
callejero ilegal, son algunos de los efectos de la inmigración ilegal
propiciada por Michelle Bachelet. A muchos se les olvida que ella fue la
gran responsable de este flagelo que afecta a todos los chilenos. A
Chile ingresaron más de 1 millón de inmigrantes, la mayoría ilegales.
Primero llegaron de Haití en aviones nocturnos, con documentos
fraudulentos y todo a vista y paciencia de las autoridades de la época
Bachelet. La ex Presidenta aspiraba a altos cargos internacionales y
consiguió apoyos de países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argentina y
otras naciones caribeñas incluyendo Haití. A la oleada de haitianos,
siguieron los colombianos y venezolanos. Siempre se argumentó que
llegaban inmigrantes de gran categoría y con muchos estudios. Lo
concreto, lo real y lo indiscutible es que hoy no se puede transitar
libremente por las veredas y por las carreteras. Chile hoy es muy
peligroso. Sicarios, narcos y gente mala circula por todas partes.
Bachelet será recordada por la historia por haber entregado a Chile a
mafias delictuales y haber abierto fronteras de manera irresponsable. Ha
tenido cómplices, como son el SJM, entidad defensora de inmigrantes.
También han sido cómplices dirigentes gremiales que encontraban fabuloso
tener más disponibilidad de mano de obra, cuando la mayoría de esas
personas que trabajaban temporadas, después estaban en las calles
vendiendo dulces. Las políticas de inmigración deben ser graduales,
responsables y considerando que tipo de mano de obra requiere Chile. No
es aceptable que entren decenas de miles de personas y que el Estado de
Chile (los contribuyentes) asuman la responsabilidad de darles salud,
educación y vivienda. Hoy nos enfrentamos a una situación económica
compleja. Vienen días muy difíciles y quienes trabajamos y pagamos
impuestos debemos financiar ciudadanos de otros países, especialmente
hoy de Venezuela, gobernado por un tirano antidemocrático que tiene a su
país postrado en la miseria. El gobierno de Chile debe alzar la voz con
fuerza en los organismos internacionales que tanto alaba la izquierda.
¿Qué dice la CEPAL que emite periódicos informes económicos plagados de
retórica inconducente?. En la actualidad, siguen ingresando decenas de
miles de personas por el norte, especialmente venezolanos, con la
indolencia boliviana. Carabineros y las FF.AA. tienen restricciones para
evitar que esto siga sucediendo, mientras las plazas y espacios
públicos se siguen llenando de carpas y nuevos campamentos. El gobierno
se sorprende que hay muchas familias sin vivienda, cuando Chile había
logrado prácticamente eliminar las poblaciones callampas y esto ahora
cambió. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que la
inmigración ilegal es parte del problema y no de la solución. Mientras
tanto, Bachelet regresa a Chile y da consejos de todo tipo. El trato de
la prensa y de los políticos en general ha sido de guante blanco con la
principal responsable de una política migratoria lesiva para los
intereses de los chilenos. Si cualquier persona circula por el centro de
Santiago, podrá constatar la inmundicia, el desprecio por el entorno y
la injusticia con el comercio establecido. Como la señora Bachelet ya
disfrutó de Nueva York y de Ginebra, lugares bien distintos a los de la
antigua Alemania comunista que la acogió, parece oportuno que asuma sus
errores y dé la cara por ser responsable principal del mal que le ha
hecho a Chile la inmigración ilegal propiciada y defendida por su
gobierno. Los pobres chilenos que deben esperar meses para ser atendidos
en los consultorios, son las víctimas de las políticas de Bachelet. El
poder judicial tampoco ha colaborado mucho en los procesos de expulsión
de inmigrantes delincuentes, que han asolado nuestro país con terror y
desesperanza. Ya llegará el momento de juzgar a los responsables de
tanta torpeza.