El día lunes el incansable defensor del medioambiente Bedrich Magas, en un conversatorio por los 50 años de la interrupción de la democracia, preguntó sobre qué hubiese hecho Allende frente a la crisis climática, ante lo cual el profesor Tomás Moulian contestó “hubiese transformado la sociedad para combatir el cambio climático”. Inevitablemente esta inferencia me llevó a recordar la posición del Partido Republicano ante la actual redacción de un nuevo Texto Constitucional y su negativa a que el Estado asuma acción en esta materia. Sin duda, basados en evidencia científica irrefutable, Chile y el mundo sufrirán las consecuencias del cambio climático y tomar medidas para adaptarse a esta transición debe ser parte de los deberes colectivos e individuales que deben ser plasmados en nuestra Nueva Constitución. Parece sentido común… pero los republicanos se oponen.
Contextualizando, la semana pasada en la Comisión de Derechos se rechazó el artículo que obliga al Estado a tomar medidas de mitigación ante los efectos del cambio climático, con los votos en contra de los consejeros republicanos y la abstención de los de Renovación Nacional (RN). La norma planteaba que “el Estado implementará medidas de mitigación y adaptación, de manera oportuna y justa, ante los efectos del cambio climático”. Igual suerte tuvo el viernes en la comisión de Principios la iniciativa de incluir el cambio climático en la Constitución. ¿Negacionismo al cambio climático o a las razones que lo provocan? Para ser justo no tengo una opinión definitiva, lo que tengo claro es que la postura del Partido Republicano en la discusión de la nueva Constitución, de mantenerse, pone en riesgo el futuro de las condiciones de vida y la sobrevivencia de muchos ecosistemas en el País.
Una parte de los consejeros de derecha ha justificado su votación en relación a que no se respetó lo previamente pactado en enmiendas de consenso, pero lo cierto es que el acuerdo de mayoría se había realizado sólo entre constituyentes de derecha. Las alertas se prenden cuando el constituyente vocero de los republicanos justifica la votación contraria a incluir el cambio climático en la constitución cuestionando la evidencia empírica, asegurando que no se trata de creer o no creer. Uno debería interpretar con ello que los republicanos se niegan a creer que el cambio climático sea provocado por la acción humana y que sólo se trataría de un fenómeno natural. Extraño cuando se hace a pocos días que la ONU declaró estado de Ebullición Global, precisamente porque el fenómeno se explica sólo por la acción humana. Extraño cuando entre las constituyentes republicanas se encuentra una experta en sustentabilidad y cambio climático. Tal parece que la filosofía y el interés partidista se impone ante el sentido común, la evidencia objetiva y el bienestar de la mayoría de las chilenas y chilenos.
Quiero quedarme, sin embargo, con aquellos constituyentes de la UDI y RN que han reconocido su error en la votación y ha prometido enmendar la situación al momento de la votación en el pleno. Además, han dado testimonio público a través de la prensa y redes sociales que son partidarios que se reconozca el fenómeno y el Estado genere acciones haciendo un reconocimiento en la Nueva Constitución. Es de esperar que nuevos cálculos, mezquinos intereses económicos y cálculos electorales no conviertan en palabras que se lleva el viento o letra muerta este arrepentimiento de los constituyentes de Chile amos.
Que el Estado asuma la responsabilidad de generar acciones para adaptarnos al cambio climático conlleva un sentido de justicia social y equidad en una transición obligada. Hoy en una ola de calor los niños ricos prenden el aire acondicionado mientras los niños pobres abren los grifos o se bañan en piletas de plazas; sin embargo, en el futuro la energía será más cara y limitante de no ser renovable, y el agua será prohibitiva para gran parte de la población mundial y nacional. Debemos prepararnos, adaptarnos e implementar medidas que permitan el bienestar equitativo de la población. Es por ello que una Constitución moderna y actualizada no puede omitir la existencia de un fenómeno que afecta y afectará aún más la cotidianidad de todos los chilenos y chilenas.