En el marco del mes de
los y las trabajadoras, el anuncio por el aumento del salario mínimo,
que llegará a 380 mil pesos y en agosto a 400 mil, es una noticia que
alivia en medio de los vaivenes económicos. En el caso de las mujeres
este anuncio podría significar disminuir en parte la desigualdad
salarial, que en un 30% las tienen con ingresos menores o iguales al
salario mínimo (Ine, 2020).
Junto
con el incremento salarial, la negociación del Gobierno con la CUT
acordó ratificar el Convenio 190 de la OIT, que permite adoptar medidas
que ayuden a construir espacios de trabajo más respetuosos y libres de
violencia y acoso.
Sin
duda, el desafío de participación laboral de las mujeres es enorme e
histórico y tiene muchas aristas. Hoy las condiciones medioambientales y
el mismo desarrollo tecnológico, requieren mirar el mercado laboral con
prospección, y eso significa formar a las mujeres en los empleos que
efectivamente se están requiriendo, y ahí la reconversión laboral y la
innovación tienen la llave. Se estima que a 2055 se automatizarán 3,2
millones de empleos, es decir, el 49% de la fuerza laboral, donde las
industrias más afectadas serían la manufactura, el retail y la
agricultura (Mckinsey, 2017), sectores primordialmente desempeñados por
las mujeres.
Tal
como señalaba recientemente la ministra de la Mujer y de la Equidad de
Género, Antonia Orellana, en Chile “las mujeres tenemos que trabajar
como si no cuidáramos y cuidar como si no trabajáramos”, y es por eso
que para enfrentar las brechas de género en el mundo del trabajo, es
fundamental hacernos cargo de otros factores que impactan en su
empleabilidad, como las labores de cuidado. El borrador de la nueva
Constitución ya considera el derecho a los cuidados, clave para
enfrentar la desigualdad de la participación laboral y política de las
mujeres.