Los
pingüinos son aves marinas especializadas en el nado y el forrajeo
subacuático. Por su abundancia, son importantes depredadores de los
ecosistemas del hemisferio Sur. Los pingüinos tienen un aspecto
peculiar, en el que destacan huesos pesados, aletas planas y cuerpo con
forma de torpedo. Estas características se traducen en una excepcional
hidrodinámica, lo que les permite nadar con agilidad para alimentarse y
al mismo tiempo evitar a sus depredadores. Los pingüinos más rápidos,
los de Papua, logran velocidades de 36 km/h. Por su parte, los pingüinos
emperador, logran inmersiones de 20 minutos sin respirar, en las que se
sumergen hasta los 500 metros de profundidad. Para ponerlo en
perspectiva con nosotros, los humanos, el récord olímpico de nado de
velocidad está en 7.7 km/h, mientras el récord mundial de profundidad
está en 332 metros (¡aunque con muchísima ayuda!). Los pingüinos llevan
una vida ajetreada que tiene más similitudes con nosotros de las que
imaginaríamos, quizá por ello nos despierten interés. Por ejemplo,
buscan formar parejas estables, son el sostén de sus hijos y deben
sortear la adversidad para criar con éxito a sus polluelos. En
la región austral de Chile, destaca por su abundancia el pingüino de
Magallanes. No obstante, también existen otras especies, como el
pingüino Rey y el pingüino de penacho amarillo. Los pingüinos tienen
potencial como especies bioindicadoras de los patrones de productividad
marina. Lo anterior, debido a la relación positiva entre la
productividad marina y el tamaño de sus colonias. Por ello, se les suele
considerar como centinelas marinos del océano. Esto, sin duda, podría
contribuir con información adicional al manejo de los recursos marinos
de la región. Adicionalmente, los pingüinos despiertan interés
internacional, lo que provoca el viaje anual de miles de turistas solo
para verlos. Por ello, su conservación también tiene importancia
económica. Sin
embargo, como la mayoría de las especies, los pingüinos están sufriendo
el efecto combinado del cambio climático, la sobreexplotación de
recursos marinos y la contaminación. Por ejemplo, en la colonia de
pingüino de Magallanes en Punta Tombo, Argentina, lluvias inusualmente
intensas provocaron la muerte de hasta el 50% de los polluelos en
algunas temporadas. Si la lluvia es intensa y logra mojar a los
polluelos, estos podrían morir rápidamente por hipotermia. Por otro
lado, sus padres también se enfrentan a estrés por inanición a causa del
cambio climático y la pesca excesiva de algunas especies. En el caso
del cambio climático, el efecto ocurre por la alteración de las
condiciones marinas que sustentan la productividad primaria, lo que
provoca cambios en la distribución de su alimento. En consecuencia, los
pingüinos se ven obligados a nadar más tiempo y distancia. Por si fuera
poco, los
pingüinos también deben sortear con la contaminación marina.
Recientemente se reportó la muerte de un pingüino de Magallanes juvenil
en las costas de Brasil, por la ingesta de una mascarilla N95. Ante
el mundo tan incierto y adverso que se erige sobre los pingüinos, la
investigación científica levanta la mano para interceder en su
conservación. Bajo este marco aparece la actividad del Centro de
investigación regional Fundación Cequa.
Como ejemplo, están las actividades de monitoreo de la colonia de
pingüino de Magallanes y el resto de la biodiversidad de la isla
Contramaestre. Además, actualmente está en curso la investigación del
ignoto mundo del microbioma superficial del pingüino de Magallanes y
pingüino Rey. En este proyecto, se plantea la innovadora hipótesis de
usar las bacterias superficiales (como las de las plumas o las patas),
como un sensor de estrés ambiental derivado del cambio climático en
curso. Estos pasos nos darán mayor comprensión sobre la situación actual
de los pingüinos y así responder de la manera más informada posible en
pro de su conservación.