El
aumento de inmigrantes en Chile se viene incrementando de forma
explosiva en la última década y las imágenes que vemos de mucha gente
ingresando de a pie por el norte a nuestro país son impresionantes.
Magallanes no es la excepción con un crecimiento de ciudadanos
venezolanos, colombianos y dominicanos. De hecho, la zona más austral
del país se pobló con un alto porcentaje de inmigrantes. Chile tiene que
establecer una política más integral hacia la inmigración, de lo
contrario se seguirá con la problemática reciente que hizo explosión en
el vandalismo ocurrido en Iquique. La
realidad económica de nuestro país le abrió los ojos a muchos
ciudadanos foráneos, que vieron que más allá de la cordillera había una
posibilidad de mejorar sus vidas. Pero para que esto se transforme en
beneficios para ellos y para el resto de la sociedad, se requiere de un
marco y condiciones que no han sido establecidas apropiadamente. Nuestro
país puede exhibir hoy avances importantes y tiene la oportunidad de
consolidarlos y extenderlos a todos sus habitantes, pero antes debe
salir de la crisis social y económica que nos dejó la pandemia del
Coronavirus. Para ello, parece indispensable promover la integración y
no la confrontación social. En Magallanes no hemos llegado a aquello,
pero ese fenómeno sí está ocurriendo, por ejemplo, en Arica, Iquique y
Antofagasta. En esa importante ciudad, y atraídos por el boom económico
de la minería, son millares de bolivianos, peruanos, colombianos y ahora
también venezolanos quienes llegaron a radicarse, pero en el último
tiempo ello ha generado confrontaciones y numerosas problemáticas, las
cuales incluso han provocado intranquilidad en la población. Es urgente
que para lograr la integración se apliquen las políticas adecuadas para
una sana convivencia, porque no se trata de medidas extremas sólo de
ordenar y ver de qué forma se puede convivir sin perjudicar el diario
vivir de nuestros compatriotas.