La Selección es el resultado del fútbol chileno

Se
acabó una nueva clasificatoria, un nuevo sueño mundial, del que, como
tantas veces, hemos quedado en el camino. Probablemente estas últimas
dos oportunidades (Rusia y Qatar) nos duelan aun más.

Pues
claro, una generación extraordinaria nos acostumbró a que podíamos
pelearle de igual a igual a todos. Cuando digo a todos, es a todos. A
Francia, Inglaterra, Alemania, Brasil de rodillas en su tierra y, como
si fuera poco, ganarle dos finales continentales a la Argentina de
Messi. Sin duda fueron extraordinarios, unos cracks que hicieron que las
nuevas descendencias se frustren hasta las lágrimas cuando se perdía un
partido.

Claro,
estos esfuerzos de los Bravo, Medel, Isla, Aránguiz, Díaz, Vidal,
Vargas, Sánchez y tantos otros, no nació sola ni por arte de magia. ¿No
es curioso que todos estos grandes jugadores fueron formados por los
clubes antes de la llegada de las sociedades anónimas? Bien, llevamos
años hablando del recambio que aún no se vislumbra.

Yo
no culpo a los deportistas por nuestra triste realidad. Vemos que
Ecuador, Perú, Colombia, el mismo Venezuela, avanzan paso a paso para
enfrentarse con los más grandes, mientras nosotros retrocedemos
indefectiblemente.

Ya
lo decían Arturo Vidal y Alexis Sánchez, que “mientras nuestros
jugadores salen a México, el resto compite en las mejores ligas del
mundo”; sumado
a eso, las paupérrimas presentaciones de los equipos chilenos en Copa Libertadores.

Podemos
adecuar el discurso que los equipos argentinos y brasileños tienen un
cerro de dinero y es imposible competir contra ellos… Díganle lo mismo a
Independiente del Valle, que ya está por cumplir una década en la élite
del futbol sudamericano apostando a las bases en su desarrollo, por
nombrar un ejemplo.

Por
estos aires podemos ver dirigentes que parecen angustiados por más
dólares para sus bolsillos, con evidencias de colusión con
representantes que lo único que quieren es sacar una tajada más de las
platas que llegan por el fútbol.

En
la década de los noventa, cuando precisamente fue formada la
“generación dorada”, quiero dar el ejemplo de Colo Colo, donde los
cadetes recorrían el continente enfrentando grandes equipos, viajaban a
campeonatos a Italia, en el mismo Monumental se hacían grandes jornadas
de los mundialitos, solo por nombrar algunos hechos de la realidad. Pues
bien, hoy eso se cuenta como gasto y no inversión; mejor cortar los
recursos y esperar el milagro de que los “cabros nos salgan buenos pa’
la pelota”; el problema es que seguimos esperando con más esperanza que
con certezas.

Como ven, acá no hay casualidades,
no quedamos fuera de un Mundial por que la FIFA nos tiene mala o porque
el pésimo árbitro paraguayo Aquino no nos cobró una alevosa mano en el
Centenario de Uruguay. Nos quedamos sin Qatar por un grupo de dirigentes
angurrientos que poco y nada les interesa el fútbol.

Y como dijo Arrigo Sacchi, “el fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes”.

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