Las cartas sobre el cambio están sobre la mesa: ¿A quién le toca jugar?

Hablar  de Cambio es tocar temas que abarcan una gran variedad de aspectos. El relacionado con el clima es, sin dudas, el de moda y mantiene preocupados a ciudadanos y ciudadanas, autoridades políticas y de organizaciones de corriente ética y valórica como la Masonería. Pero pareciera que la idea de cambio está puesta en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad humana, global y localmente.

Los movimientos sociales transitan por un permanente cambio, así como los procesos migratorios; hay cambios en lo laboral, la robotización se impone con modificaciones profundas en las relaciones del trabajo, el modelo de educación se modifica y el Estado revisa su posición; los principios valóricos y éticos se revisan y emerge una radicalización no exenta de movimientos nacionalistas; la aparición de la inclusión cambió la manera de relacionarse entre los miembros de la sociedad. Una opinión pública superlativa, asociada a movimientos informados y desinformados por medios hiper masivos de comunicación, se suma como el actor clave en el trasfondo de los cambios que observamos prácticamente al instante. Es en este punto en donde vuelve a aparecer la importancia de pensar y repensar el real sentido que tiene la condición humana. Aquella que está sometida a los cambios pero que también es el origen de ellos.

Es difícil pensar en un “ránking de importancia” de los cambios que afectan la condición humana. Podríamos decir que es el “cambio climático”, que aparece incluso modificando el modo de alimentación humana, pero lo más probable es que todos los tipos de cambios imaginables estén íntimamente relacionados. Lo que no aparece claramente en la discusión sobre “cambio” es que éste es una constante en la historia humana.

El cambio ha sido norma no sólo de la condición humana sino que la de todo el planeta y el universo, y lo sorprendente es ver nuestra insistencia en crear modelos de desarrollo que apelan a la constancia en la forma y en el fondo. Sin embargo, hay “necesidades” que si se pueden considerar fundamentales para todos los humanos desde los inicios hasta nuestros tiempos. Siempre hemos tenido las necesidades de subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Estos pueden ser los requerimientos que están en la base de la condición humana. De allí que, desde un punto de vista masónico, adquiera relevancia poner el acento de la discusión en el aspecto crítico de la condición humana.

Como línea de pensamiento humanista y laica, sostenemos que ésta se encuentra profundamente determinada por un  tiempo en el que se ha perdido la capacidad de asombro ante lo que pasa frente a nuestros ojos,  producto de todos los cambios que ocurren, han ocurrido y seguirán ocurriendo, muchos profundamente radicales, donde pareciera que todo se vuelve inasible, y cuando nada parece dar suficientes certezas sobre lo que nos depara el porvenir, especialmente como especie.

La Gran Logia sostiene que es clave en momentos de cambios intensos y compartidos, considerar la contribución a la condición humana de los sublimes ideales de libertad, fraternidad, caridad, solidaridad e igualdad, los que pueden contribuir a satisfacer nuestras necesidades humanas fundamentales.

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