Cuenta
la historia que en los años 30, mientras la crisis internacional
arreciaba en Chile, el gobierno se atrevió a comprar trenes rápidos en
Alemania a un costo tan alto, que tuvo que completar el pago ¡con
lentejas!
Los
trenes llegaron a cuentagotas, la mayoría cuando la crisis ya había
pasado y aunque abrieron el turismo en el sur de Chile, es discutible si
tuvieron el impacto económico esperado en un país sumido entonces en la
anarquía y la miseria.
Y
ese es, precisamente, el peligro que encierran siempre los grandes
megaproyectos: no satisfacer los anhelos esperados y en su lugar,
postergar urgentes necesidades sociales, como ya ocurrió hace dos años
con el alza de 30 pesos para financiar la ampliación del Metro…
Esta
semana, el Consejo Regional de Magallanes aprobó construir un Centro
Antártico Internacional en Punta Arenas a un costo de 65 mil millones de
pesos, el mayor monto jamás aprobado en la historia del organismo para
un solo proyecto. Los recursos equivalen a mucho más de un año del
presupuesto regional, pero al menos provienen del Plan de Zonas
Extremas, dijeron los consejeros.
Tras la votación, favorable por amplia mayoría, el gobernador regional, Jorge Flies, comentó escuetamente que “es un tremendo avance para la región” y, luego, el consejero Tolentino Soto
declaraba que “a mí no me cabe duda el resultado favorable que va a
tener este proyecto, aunque seguramente vamos a tener muchas
dificultades en sus inicios, como todo en la vida”. El consejero Miguel Sierpe
enfatizó el carácter regionalista –“se asegura así que el control de
este megaproyecto va a quedar en el Gobierno Regional”, dijo- y su
aporte reactivador, mientras el consejero Ramón Lobos
agregó: “Si no tenemos sueños, nos podemos gastar toda la plata en
cosas pequeñas y siempre nos van a quedar otras por resolver. Esto tiene
que ver con soñar una mejor región. Cuando hace años se aprobó el CADI
no se veía su utilidad, pero la tuvo”.
Y
sin embargo, aún en ese instante de alegría, hubo voces que discreparon
desde uno y otro lado del espectro político regional. Y en ambos casos
su opinión fue la misma: en una región aún traumada por el doble golpe
de la pandemia y el estallido social, las necesidades sociales son
demasiadas para semejante inversión.
El consejero (PC), Juan Vukusich,
expresó: “Sin duda que este es un hermoso proyecto y comparto que tiene
una gran relevancia desde el punto de vista del desarrollo antártico.
Pero en mi opinión, el alto costo del proyecto, por más que lo financie
el Plan de Zonas Extremas, me parece que es extremadamente alto teniendo
en consideración la inmensa cantidad de necesidades que existen en la
población y que con esa cantidad de recursos se podría resolver una
cantidad infinita de problemas que van a quedar obviamente pendientes…
Existen grandes dificultades en salud, educación, vivienda, etcétera,
por lo tanto debería esperarse a momentos en que las condiciones
económicas sean un poco mejores, para proceder a su aprobación”.
Desde el otro lado del espectro político, la consejera independiente Roxana Gallardo
agregó: “No dudo que puede ser importante. Pero, viene de una cartera
de proyectos que data de 2016 y desde entonces han pasado muchísimas
cosas en este país que deben tomarse en cuenta, sobre todo en los dos
últimos años. Si este es “un proyecto anhelado por la ciudadanía”, como
se dijo tras la votación, yo represento a otra parte de la ciudadanía
que no anhela un centro antártico. Hay necesidades mucho más urgentes y
creo que la visión de todos debiera estar en dar solución a las cosas
que hoy son necesarias para las personas y no me queda claro que eso
vaya a ocurrir con este proyecto”.
Y
claramente, el Centro Antártico –quizá por su propia naturaleza
científica- no está en el radar ciudadano. Cuando se publicó la noticia
de su aprobación en las redes sociales de este medio, apenas si hubo
cuatro reacciones: tres “me gusta”, un “me encanta” y ningún comentario.
Una posterior publicación sobre el tema, registró un “me gusta”…
En cambio, las voces críticas fueron creciendo en los días siguientes.
En este mismo suplemento, en la página 23, en su columna de opinión el candidato a diputado independiente Luis Legaza escribe
que no hay una explicación para esta multimillonaria aprobación, cuando
a solo minutos del centro de Punta Arenas hay vecinos nuestros que no
tienen que sobrevivir sin luz, ni agua, ni gas y sin locomoción. Como
diría Condorito: “¡Exijo una explicación!”.
Por su parte, el candidato al CORE Salvador Harambour
hizo presente un aspecto incómodo ya deslizado por Roxana Gallardo y es
el hecho que, tras la pandemia, la presencialidad muchas veces ya no es
necesaria. “¿Por qué se vendrían hasta acá los científicos”, se
preguntó.
El candidato al Senado y expresidente del CORE, Alejandro Kusanovic,
va más allá e incluso, considera que un verdadero centro de esta
naturaleza debiera estar en la propia Antártica y que la clave es
consolidar la cadena logística, con aeropuertos de primer nivel en Punta
Arenas, Williams y el continente blanco. “Entonces, lo demás llegará
solo y se podría tener empresas que construyan ellas mismas estos
edificios”, dice.
Tanto él como el candidato al CORE, Miguel Schweitzer,
se preguntan porqué no se optó por un enfoque gradual, dadas las
circunstancias sociales, es decir, partir de a poco y avanzar en forma
sostenida por etapas como tanto se criticó en el caso de la Vía Elevada.
“Este podría ser una nueva vía elevada”, comentó Kusanovic.
Pero,
seamos optimistas. Lleguen o no los científicos, está claro que será
una gran atracción turística para el día en que vuelvan los cruceros y
eso por sí solo generará un impulso económico relevante.
Además,
como sea, el gobernador Flies ya logró su objetivo. “Este es el
proyecto de Flies y los que votaron por él lo sabían”, sostiene
Gallardo.
No obstante, llamó la atención el voto de Marcelo Garrido y Jorge Balich,
dos cores que supuestamente son del pacto Chile Podemos Más, incluso
para ir a la reelección, pero que tras haber sido invitados -por
separado- a una reunión privada con Flies se “sintieron muy
considerados” por el médico y tras un fuerte abrazo se comprometieron a
darle el visto bueno en favor de la multimillonaria iniciativa del
Gobierno Regional.
A
despecho de las críticas, el gobernador, que en las últimas semanas se
ha reunido con embajadores y diplomáticos de Estados Unidos, el Reino
Unido y Corea del Sur, se muestra más seguro que nunca, desafiante
incluso. “Recuerdo tantos elefantes blancos. El Hospital Clínico decían
que era elefante blanco y ahora se está quedando pequeño, el CADI-UMAG
nos decían que era un elefante blanco y ha sido fundamental para
combatir la pandemia no sólo en Magallanes, sino para el país, es uno de
los seis centros en Chile que realiza ese tipo de estudios en genómica.
Y lo mismo pasa con el Centro Subantártico de Williams, donde ya los
recursos entregados y que se ganó por primera vez la región, son mayores
a lo invertido en el centro. Lo mismo va a pasar con el Centro
Antártico Internacional, se lo puedo asegurar que va a ser una inversión
que va a apalancar un nivel distinto de recursos para la región, no
sólo a nivel nacional, sino a nivel mundial”.
Pero
no se puede contar “solo las ganadas”, como decía un viejo amigo mío,
porque si el Hospital Regional fue un proyecto que resultó bien, no
ocurrió lo mismo con el abandonado edificio que dejó atrás.
Semidestruido y convertido en foco de vandalismo, delincuencia y hasta
incendios, testimonia hace años hasta dónde puede llegar la inoperancia y
falta de capacidad técnica y política del Gobierno Regional de
Magallanes, al que fuera donado.
Los estadounidenses, que mucho saben de hacer cosas en grande, tienen una frase: “Primero gatear, después caminar”.
El
Gobierno Regional de Magallanes, que recién empieza a gatear sobre los
pies de nuevas y no siempre muy claras normas de regionalización, bien
haría entonces en caminar con mucha prudencia al enfrentar tanto este
como los próximos desafíos que tiene por delante… sobre todo ahora, que
ya no le quedará mucho dinero. Más vale que el proyecto Centro Antártico, finalmente, resulte y no se convierta en otro elefante blanco.