Los grandes cambios sociales requieren también de cambios personales

Tarde o temprano llega la hora de los balances, como requisito para evaluar si lo realizado o lo dejado de hacer en un lapsus dado, pone signos positivos (o negativos) al período de vida gastado en los quehaceres cotidianos individuales y colectivos. Es una condición inherente a lo humano, incluso para quienes obran en la periferia de las estructuras sociales convenidas por regulaciones constituyentes. El fin de año es el escenario indiscutido para la realización de balances, ejecutados en un ámbito intimo o bien, mirando desde la vereda del frente, lo realizado por el otro, y para la proyección de las condiciones de futuro. Las ganancias, los aciertos y los éxitos se contraponen con las pérdidas, los errores y los fracasos y el resultado neto del ejercicio genera satisfacciones o decepciones, personales o sociales. El balance de Chile 2019 genera un resultado complejo de analizar y de entender  en los planos sociales, políticos y económicos, pero que difiere del que los más especuladores podrían haber ideado en el balance 2018. Más incierta aún es la proyección de futuro. Queda en evidencia que el balance 2019 pone a la palabra Cambio como clave para que la realidad que se vive en el país se torne en un ambiente armónico, dentro del cual sea factible la vida digna y se manifiesten los valores inherentes a la condición humana del Siglo XXI. Sin embargo, los grandes Cambios que se requieren para conformar una sociedad armoniosa y con futuro, deben ir acompañados también por cambios en las vivencias de los y las integrantes del País. Es perentorio volver a la idea de que la condición y dignidad humanas, se validan en la expresión y en el reconocimiento de sentimientos mutuos y no sólo por la valoración numérica que pueda tener en un determinado momento la persona humana. Las posibilidades de modificar nuestro entorno social, económico y político deben partir de la base de que uno no puede pretender cambiar al mundo sólo mirándolo, como simple espectador del drama que se vive en el país o bien, buscando dividendos que puedan sumar votos en procesos eleccionarios. Existe, por condición humana, la necesidad de convivir diariamente con la certeza de la importancia del otro, además del reconocimiento de que no es posible dejar fuera del avance de la sociedad a quienes han quedado rezagados en la búsqueda de bienestar. Implica la certeza de no convalidar los prejuicios y de no maquillar posiciones que hagan parecer resueltas las demandas que la ciudadanía común eleva a las élites gobernantes. Desde la pertinencia del proceso constituyente que enfrenta el país, al cual la masonería chilena espera aportar ideas a través de sus Conventos Jurisdiccionales ha realizarse durante enero, un anhelo para este 2020 ya iniciado puede ser lo expresado por el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile: “La República ideal en un plano de conceptos, debe ser una expresión tangible de la convivencia en la diversidad, donde todos son iguales ante la ley, todos iguales en derecho, todos iguales en deberes. Donde todos son respetados en su condición humana, más allá de sus particulares ideas, de su proveniencia social, de sus éxitos o fracasos en la maravillosa aventura de la vida. Esta República se expresa en el deseo universal del imperio de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad”.

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