Magallanes: medio ambiente, cambio climático y acción ciudadana

Menos
nieve que hace algunos años, intensas lluvias en breves periodos de
tiempo, y al mismo tiempo, sectores han registrado una profunda sequía o
déficit de precipitaciones, o días extrañamente calurosos, son algunos
de los fenómenos climáticos a los que nos vamos acostumbrando de a poco y
que más allá de lo curioso y hasta anecdótico que podría resultar, en
el fondo, existe una problemática de la que no podemos quedar de lado.

Algunos
recordarán que 2019 fue declarado como el noveno año consecutivo con
temperaturas sobre el promedio, lo que significa que se trata de algunas
señales claras de la vulnerabilidad al cambio climático y sus efectos
por ejemplo en la agricultura, la salud, la energía y el medio ambiente.

El
pasado 5 de junio se conmemoró el Día Mundial del Medio Ambiente, fecha
que cada año adquiere una mayor relevancia, especialmente cuando
observamos la progresiva degradación de la tierra y de los ecosistemas.

Si
hablamos de aumento de la temperatura, algo nos señala el derretimiento
de glaciares en la Patagonia o sectores cordilleranos con una
significativa pérdida de hielo que termina afectando el acceso al agua
para sectores de la población.

La
información disponible y la evidencia es así de compleja y alarmante y
al mismo tiempo desafiante en cuanto a las acciones adoptadas y las que
están pendientes.

Hemos
avanzado en la documentación, antecedentes científicos y en el
diagnóstico, aunque sigue existiendo una dificultad encontrar cuanto a
la real conciencia ciudadana por un lado, y el compromiso efectivo del
sector productivo. Desconfianza o responsabilidad, ambas se combinan
confundiendo el sentir ciudadano. De todas maneras es urgente avanzar.

Desde
la educación, observamos que por medio de diferentes programas se busca
trabajar en la formación de niñas y niños que puedan convivir de una
forma distinta con el medio ambiente. Para ello, es relevante conocer el
lugar que cohabitamos, como un primer paso para comprender por qué
debemos protegerlo.

Tenemos
el privilegio de vivir en un territorio como el de Magallanes, desde
donde es fundamental pensar colectivamente en cómo imaginamos el futuro;
en el desarrollo de un espacio que permita convivir la conservación con
el desarrollo productivo, minimizando el impacto y al mismo tiempo
considerando estrategias de adaptación, bajo prácticas sostenibles.

Claramente,
en el papel y la teoría esto suena como una situación ideal, cuando en
el fondo sabemos que resulta bastante más complejo. De todas maneras, si
hay algo que no podemos permitirnos es, no pensar y reflexionar al
respecto.

Si
bien puede ser bastante poco novedoso, si puede ser que, el futuro no
puede quedar en manos de unos pocos ni es responsabilidad exclusiva de
las autoridades, es pertinente la participación de la sociedad en
conjunto, desde los barrios, las escuelas, organizaciones y los sectores
que resultan ser los más vulnerables a los efectos del cambio
climático.

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