Nuestra Patria, de la
cual nuestro querido Magallanes es un parte importante y vital para el
futuro, está amenazada por la violencia, la común, pero más audaz y muy
bien armada, y la narcoterrorista, asentada en la Macro Zona Sur, pero
avanzando hacia el norte, acercándose a Concepción ya.
Nuestra
región, afortunadamente aún, no conoce de esa violencia en la forma que
presenta en la capital y en otras ciudades de Chile, pero hay señales
de que ya está aquí, con forma y actores diferentes, pero parecidos….
Y
todo eso duele, porque, pese a los esfuerzos de las policías y del
Ministerio Público, podemos apreciar el aumento del tráfico de drogas de
todo tipo, de robos, de desafíos a las autoridades a plena luz del día,
incluso, y delincuentes más osados que en su mayoría, no nacieron en
esta tierra austral y sólo hacen “aportes” negativos a nuestra
convivencia diaria.
Pero
hay hechos inquietantes que debieran hacernos meditar y mirar a los
vecinos a los ojos, volver a conocernos y recuperar esa solidaridad
magallánica que se ha ido desdibujando.
No
es nuevo: hace unos años, murió en situación de indigencia un
exfuncionario del gobierno regional en el área juvenil; un exseremi de
Educación, también fue víctima de la ingratitud y recientemente, fue
encontrado el cadáver de un exprofesor que permaneció unas dos semanas
muerto en su departamento y, como en los casos anteriores, fue consumido
por las enfermedades físicas, pero sobre todo, por el abandono de los
que compartieron gritos, consignas y luchas en su juventud: por respeto a
sus memorias, me reservo sus nombres, pero los conocí y gracias a Dios,
en algún momento de esas vidas pude tenderles mi mano y las de mi
familia… Con pena, con angustia, porque, tal vez, fue poco lo entregado,
pero con mucho respeto y cariño.
Y
esa indiferencia generalizada también me duele, porque hace unos años,
los magallánico no éramos así y hemos cambiado y no precisamente para
mejor y, humildemente, pido desde esta columna, que reflexionemos y
determinemos qué hacer frente a esta nueva realidad social, que ayuda a
la delincuencia, para que, mañana, no nos agobie y recuperemos el “ser
magallánico”, que nos permita enfrentar y derrotar a la delincuencia y
mirar el futuro de nuestras familias de mejor forma… Por el bien de
Magallanes y de Chile.