Hace nueve meses todos sabíamos que nuestras vidas cambiarían, llegaba un intruso inesperado y ominoso, pero nunca pasó por la mente los que hoy estamos viviendo… Ya nada sería igual. Nuestra sociedad ha tenido múltiples trastornos, cual de ellos más nefastos. El estrés psicológico se transformará, a mi juicio, en el más cruel y estable, porque ¿cómo podremos extirpar de la mente el miedo, la ansiedad, la carencia de amor familiar? Esa sensación de vacío eterno que llegó a instalarse y derrumbar las reservas de fortaleza que todos tenemos, esas que afloran cuando hay una amenaza latente y que ahora casi son un vago recuerdo. El impacto del virus en la salud, la preocupación por la familia, problemas económicos, incertidumbre constante y cuarentenas prolongadas, son los factores precisos para entrar en una depresión. Pero si agregamos a los familiares que no han podido despedirse de sus seres queridos contagiados por covid-19, el daño emocional es inconmensurable, ¿cómo le explicas a un niño/a que la abuelita/o no estará más? o ¿cómo le dices a una persona mayor, que su compañera/o ha tomado otro rumbo? no hay consuelo posible, porque no hubo despedida, A nivel regional las dificultades económicas han producido desigualdades sociales y de pobreza, considerando que las cuarentenas prolongadas que hemos vivido han provocado que muchas personas pierdan su trabajo, único sustento para sus hogares, es muy angustiante ver cómo llegan aviones con turistas, directo al parque nacional Torres del Paine, y nosotros que vivimos aquí estamos encerrados, mirando por la ventana como se caen a pedazos los proyectos, ilusiones y esperanzas, porque tal parece que así como vamos, la navidad será sin abrazos, los villancicos estarán de vacaciones y será un día más. Sin embargo, si la población en general está sufriendo los estragos de esta pandemia, sin duda uno de los colectivos más afectados son los trabajadores de la salud, no han tenido tregua en la lucha constante contra el virus y están expuestos a situaciones que generan miedo y tienen un alto impacto emocional, esto hace que sean uno de los grupos más vulnerables, simplemente no es nada fácil llegar a casa todos los días con el temor de contagiar a tus seres queridos. Vecinos/as, no soy pesimista, nunca lo he sido, pero da para pensar que hoy día seguimos con casi todas nuestras actividades económicas retraídas, pero en el pais ya se puede jugar fútbol, alabado sea Dios, hay 22 personas corriendo tras una pelota, mientras varios millones de chilenos no saben qué cocinar hoy, no tienen cómo generar recursos y me gustaría recordar a nuestras autoridades que la gente de Magallanes no está acostumbrada a esperar bonos, nunca las migajas han sido una opción para sobrevivir, nosotros los magallánicos somos personas de esfuerzo, nuestro progreso no es casual, ha sido la visión de nuestros abuelos/as que llegaron a poblar estas gélidas tierras, ellos sufrieron todos los rigores para hacer de este suelo generoso un mejor lugar para vivir. Lo que está pasando en nuestra Región me enoja y entristece, soy conocedora de la realidad que están viviendo nuestras personas mayores, nuestros hombres y mujeres que son jefes de hogar y sufren porque tienen hijos/as que alimentar, también sé que la violencia intrafamiliar causa un deterioro importante en los hogares y dejará secuelas difíciles de sanar, cuanto más tiempo pase más costará levantarse, pero también sé que no es imposible, ya lo hemos hecho otras veces. Solo digo que se debe considerar suspender esta cuarentena al menos por los meses de verano, se necesita un respiro, las personas tienen que generar alguna forma de ingreso para enfrentar el 2021, otro año difícil sin dudar. Mientras tanto, sigamos cuidándonos con el uso de mascarilla, lavado de manos, saliendo para lo estrictamente necesario, cada uno es responsable de cómo enfrenta este periodo oscuro, las reglas sanitarias son para respetarlas, la negación de ellas expone a los demás y todos/as absolutamente todos/as queremos vivir sin la soledad que nos rodea hoy.