Modernización del estado

Hace
pocos días contamos con la visita en Magallanes del Presidente Nacional
de la Asociación Nacional de funcionarios del Servicio de Impuestos
Internos (ANEIICH) don Marcos González.

Su
visita en Magallanes, además de las labores dirigenciales, es difundir
la propuesta ingresada por la ANEIICH, en la plataforma de
participación ciudadana de la Convención Constituyente N°18.212,
encaminada a destacar la importancia de contar con servicios públicos
de calidad, y un sistema tributario que permita recaudar los fondos
necesarios.

Hace
semanas atrás, en esta misma columna, se comentaba la importancia de
contar con los recursos necesarios previos a la implementación de una
reforma tributaria o laboral, ya que al momento de su implementación,
nos encontrábamos con un soporte tecnológico que no da abasto para las
nuevas exigencias impuestas. Es decir, se pide mucho más información,
pero seguimos trabajando con software obsoletos, y seguramente a los
informáticos de las diferentes instituciones, se les pide hacer
“milagros”, quedándoles solo la opción del tercer mundo de parchar hasta
que se cumpla el novedoso procedimiento de la nueva normativa, pero se
deteriora otros procedimientos que son de uso habituales, e incluso
vitales para los PYMES en general.

Aquí
el barómetro de funcionamiento, sigue siento el profesional contable,
quien debe lidiar con esto e informa a las instituciones, muchas veces
con indignación por la precariedad de las implementaciones. Es decir,
deja a la vista la importancia del contador como agente canalizador y
catalizador de la información, para que esta sea de calidad y cumpla el
objetivo, no solo el cumplimiento.

Ahora,
esta práctica esta arraigada en las políticas públicas nacionales
históricamente. Los gobiernos tienen 4 años de ejercicio, y deben
llevar a cabo su planificación que fue el sustento de su campaña
política. Pero no planifican ni el origen ni la optimización de los
recursos. Me tomo la libertad de imaginar reuniones de alto nivel, en
donde se utilizará los términos criollos “démosle no más”, o “en el
camino lo arreglamos”.

Algunos,
por este escenario proponen aumentar la cantidad de años de periodos
presidenciales, a 6 u 8 años. Pero esto no es la solución, ya que el
mundo tiene un dinamismo nunca visto en su historia, que hace necesario
ajustar las políticas económicas a nuevas e insospechadas realidades.

Lo
óptimo, es que los sectores políticos definan políticas públicas que
serán ejes transversales en el desarrollo del país, y que deben
planificarse y respetarse en acuerdos políticos por un horizonte de
varios periodos. Que, cuando llega un cambio de Gobierno, no se limpie
el escritorio con el brazo y se diga soberbiamente “aquí todo esta malo,
vamos a comenzar de cero”, porque siempre hay cosas que están bien
hechas, en donde ha existido un trabajo serio de funcionarios públicos
de carrera, que en el anonimato de su cargo, desarrollan un real aporte
para el país.

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