Esta
semana una consultora de Santiago (contratada por el MOP) ha dado a
conocer las condiciones para la construcción de un camino entre
Yendegaia y Lapataia, en Argentina. Como sabemos, se trata de una
distancia breve que, en terreno, conectaría a Ushuaia con la Ruta Y 25
que -seguimos esperando- debe unir a Porvenir y Cerro Sombrero con el
Canal Beagle y, luego, debe conectar a nuestra Tierra del Fuego con
nuestra Isla Navarino y Puerto Williams. Con
un espíritu de buena vecindad encomiable, los expertos de Santiago no
han, sin embargo, considerado que la conexión de Yendegaia con Ushuaia
garantizaría a los operadores turísticos de esta última el acceso
directo a los atractivos escénicos de las aguas interiores chilenas,
entre otras, las galerías de glaciares de ambos brazos del Canal Beagle
occidental, el canal Murray y, no es difícil imaginar, el Cabo de
Hornos. Esto, no obstante que la normativa que sobre este asunto
específico contempla el Tratado de Paz y Amistad de 1984 lo prohíbe
terminantemente. Las razones de orden geopolítico y geoestratégico son,
para quien quiera averiguarlas, numerosas. Los
expertos santiaguinos tampoco han considerado que, desde 1997, está
plenamente vigente un acuerdo binacional sobre pasos fronterizos que
incluye aquel de Puerto Almanza-Puerto Williams (`paso internacional
habilitado permanente´). Este, sin embargo, por oposición del gobierno y
de los operadores turísticos de Tierra del Fuego argentina, nunca ha
funcionado. En
los hechos, mientras el ámbito de la amistad binacional nuestros
vecinos de Buenos Aires y Ushuaia han convencido a las autoridades de
Santiago para habilitar un nuevo paso fronterizo en Tierra del Fuego,
para perjuicio de Magallanes, en la misma materia llevan 23 años sin
cumplir un acuerdo bilateral plenamente vigente. La razón: un paso fronterizo que garantizará
un acceso directo a Puerto Williams beneficiaría a esa localidad
chilena y `perjudicaría´ de Ushuaia. Esta, a pesar de los eslóganes
chilenos, desde 1997 y gracias a la conexión que Chile le asegura en el
Estrecho de Magallanes y el Paso San Sebastián, a la fecha se ha
posicionado como la `principal puerta de entrada a la Antártica´. Es
más, a pesar de que el paso internacional Almanza-Puerto Williams nunca
funcionó, Chile de todos modos accedió a, primero, abrir un paso entre
Río Bellavista (Radman) y Pampa Guanaco (para beneficio de los
operadores de Río Grande, que venden `excursiones argentinas´ de pesca
con mosca en territorio chileno), además de un paso entre Ushuaia y
Puerto Navarino, para permitir que turistas llegados a Ushuaia
`conozcan´ los territorios `al sur del Canal Beagle´. La
premura del MOP para avanzar en la construcción de una ruta
internacional para beneficio de un vecino (que se niega a cumplir un
acuerdo vigente) contrasta con la pereza del Estado central para
solucionar los problemas de conectividad de Magallanes. Después de 40
años de trabajos, el camino entre Pampa Guanaco y el Canal Beagle, o la
lentitud para resolver la cuestión de aeropuerto de Puerto Williams, son
ejemplos patentes de esa lentitud que, en la práctica, no son sino
demostraciones del endémico desinterés de los gobiernos centrales hacia
Magallanes (del cual se acuerdan solo cuando les conviene). Desde
un punto de vista incluso más simple, como casi siempre, en Santiago
`la mano derecha sigue sin saber lo que hace la mano izquierda´: Es
evidente que el MOP no ha sido informado por la Cancillería (a los
efectos Difrol) acerca del potencial desmedro que el aporte adicional
chileno a la oferta turística de Ushuaia (comparativamente escuálida)
puede significar tanto para las posibilidades de desarrollo social y
económico de Puerto Williams, como para el posicionamiento estratégico
polar de Punta Arenas, amén del impacto que un `acceso camuflado´ de
operadores argentinos a las aguas interiores de Magallanes puede
importar para el modus operandi del Tratado de Paz y Amistad (Anexo
sobre Navegación). Con
vistas a la instalación del GORE elegido, la instalación de la Comisión
Constituyente y las elecciones generales de noviembre próximo, todo
indica (y aconseja) que este debe ser un tema de análisis y discusión
regional. Esto
no solo considerando los efectos negativos para el interés material de
nuestra Región que resultan de otra (una más…) decisión inconsulta e
inconveniente adoptada en Santiago, sino porque el caso del camino y
futuro paso fronterizo Yendegaia-Lapataia es solo el último de muchos
gravísimos `errores no forzados´ de nuestra política exterior que -como
en los casos del Campo de Hielo Sur y los millones de kms2 de territorio
submarino regional aun por precisar- indican que, cualquiera sea el
signo político, nuestra burocracia internacional `sigue sin saber leer´ a
Magallanes.