No tengo por qué estar de acuerdo con lo que alguna vez dije (o actualmente pienso)

Tal
como lo he comentado en otras columnas de opinión el concepto de
“riesgo moral” es muy propio del ejercicio de la actividad política,
especialmente en contextos de campaña o candidaturas. En este sentido
bien vale recordar una entrevista del entonces candidato Gabriel Boric,
en el contexto de la primaria del pacto Apruebo Dignidad contra Daniel
Jadue, en la cual el hoy presidente electo afirmaba (respecto al rol y
figura de Primera Dama) que él era favorable a “Abolir esa institución”
en un eventual gobierno de él. Sin embargo, qué duda cabe, entre una
campaña y una elección ganada son muchas las cosas que suceden y, por
ende, los cambios de opinión no se hacen esperar. Esto es, precisamente,
lo que ha ocurrido en estos días donde Irina Karamanos se mostró
favorable a aceptar y asumir la investidura de Primera Dama.

Sin
ir más lejos el periodista Daniel Matalama, quien no digamos es un
opositor al futuro gobierno, afirmó que “más allá de méritos de la
persona que lo ocupe (en este caso Karamanos), mantenerlo es una pésima
señal del próximo gobierno. Además, contradice lo que el Presidente
electo Boric dijo en campaña…”. Lo que Matalama no dice, pero sí sabe,
es que una vez ganada la elección quien se impuso tiene todo el legítimo
derecho a cambiar de opinión las veces que quiera. Si es (o no) del
agrado de quienes votaron por él, si sus adherentes-partidarios se
desilusionan o lo que sea que ocurra no es, ni será, competencia del
Jefe de Estado quien, por cierto, tiene el legítimo derecho a bajarles
de la nube haciendo que asuman su responsabilidad: “ustedes me
eligieron”.

En
esto Boric ha demostrado, a pesar de su juventud, ser extremadamente
hábil en cuanto al manejo de la retórica política (que ya se la
quisieran varios abogados/as titulados) al manifestar en diversas
entrevistas, y consultado por este caso en particular, que “valora la
decisión tomada por su pareja (Karamanos) de asumir este desafiante rol
en la transformación de la política”, añadiendo que “su intención
(Karamanos) de modernizar y transparentar el cargo refleja el trabajo
que colectivamente venimos haciendo: tenemos que hacer los cambios con
responsabilidad y desde dentro” (recordándonos la desafortunada
entrevista de Sebastián Depolo donde afirmaba que venían a “meterle
inestabilidad” al país).

Lo
preocupante de esta situación, donde el guiño a un recién asumido Hugo
Chávez como Jefe de Estado en Venezuela es imposible de obviar, nos
obliga a estar atentos a las volteretas y cambios de opinión que, de
seguro, tendrá el futuro gobernante en el ejercicio de su mandato. Boric
sabe que no la tendrá fácil, sabe que tendrá una serie de desafíos que
resolver y sacar adelante (entre esos el plebiscito de salida de la
Nueva Constitución o el indulto a los denominados presos de la revuelta
de 2019) y de hecho la senadora Ximena Rincón lo dijo muy claro hace
algunos días atrás: “Cómo va a sufrir el próximo gobierno, y yo voy a
tomar palco”.

Pero
probablemente lo que Boric, y su entorno, aún no logran asimilar es una
de las premisas básicas de la política en cuanto ejercicio del poder:
una cosa es cambiar de parecer y otra, muy distinta, es incumplir las
promesas. Y cuando las promesas que te llevaron a alcanzar el poder no
se concretan es, a quienes te eligieron, a tu pueblo, a quienes deberás
responder.

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