En
estos días de debate hemos escuchado voces que se levantan de los pocos
personeros de la derecha que no tienen escondidos (pareciera que a
muchos se los llevaron los alienígenas) y de exrepresentantes de la
Concertación (son claramente una minúscula minoría que cambiaron su
rumbo de transformar Chile), haciendo parecer que el sistema político
que propone la nueva Constitución provocará un cataclismo o “una
dictadura populista”, como dijo el expresidente Frei. En esta columna
pretendo (sin ser abogado) dilucidar las principales características de
lo que votaremos este 4 de septiembre, sin mentiras, solo con el afán de
informar: uno de los temas más controversiales y que causó un revuelo
impensado, sobre todo en la clase política, es la eliminación del Senado
y la creación de la Cámara de las Regiones. Quiero partir diciendo que
por fin la Región Metropolitana valdrá lo mismo que Arica y Parinacota o
el mismo Magallanes… Me explico, el actual Senado es representativo por
la cantidad de gente que vive en el territorio, traduciéndose que
Santiago tiene 5 representantes en desmedro de nosotros que tenemos solo
2. Desde ahí es donde nace el centralismo y la defensa de los
intereses. Pues bien, no solo es eso, sino que se ha dicho que no tendrá
facultades esta nueva cámara y que solo es para pagarles a políticos o
que verán temas exclusivos de su región; pues bien, el artículo 268 crea
las competencias de este nuevo órgano, que dentro de sus funciones
tiene reformas a la Constitución; regular la organización, atribuciones y
funcionamiento de los sistemas de justicia y poder legislativo;
implementar el derecho a la salud, vivienda, educación; ley de
presupuesto; aprobar estatutos regionales; regular protección del medio
ambiente; regular votaciones populares y escrutinios; entre tantas
otras. Desde la participación ciudadana, con la propuesta se da un gran
paso a que las y los ciudadanos seamos tomados en cuenta más que votar
por nuestras autoridades, brindándonos mecanismos para derogar una ley
en la que no estemos de acuerdo. El artículo 158 crea la iniciativa de
derogación de ley, que hace que, si se junta el 5% del padrón electoral,
se pueda anular una ley abusiva que será votada vía plebiscito. No solo
eso, el artículo 385 nos permite con un 10% del padrón hacer
modificaciones constitucionales con la voluntad popular, sin tener que
pasar por las diputadas y diputados. Se entiende, solo con la voluntad
de la gente, que resguarde sus intereses y no los de unos pocos, vía
plebiscito, cambiamos las reglas de Chile. Como si fuera poco y sentimos
que definitivamente esta nueva Constitución ya no nos representa y
debemos modificarle de forma sustantiva o en su totalidad, ya no será
necesario estar meses en la calle y empujar a nuestros gobernantes a
ceder un poco de poder a la gente; ya que con el 25% del padrón podemos
reemplazar absolutamente la Constitución. Son puntos básicos y
concretos, con su articulado, para que los pueda revisar y que no le
creen terror ni miedio a unas semanas del plebiscito del 4 de
septiembre. Pero de algo no tengo duda, para los regionalistas es un
deber aprobar.