La conciencia histórica de Magallanes registra en bronce el sacrificio de sus habitantes durante
los largos años de la crisis con Argentina por la soberanía de las
`islas al sur del Canal Beagle´ (de Picton, Nueva y Lennox al Cabo de
Hornos).
Desde
comienzos del siglo XX nuestros vecinos pretendieron que tales islas no
se sitúan al sur, sino que el Oriente del Canal Beagle, para enseguida
sostener que en el meridiano del Cabo de Hornos se divide el Pacífico
del Atlántico. En los hechos esto nos significa una merma de millones de
kms2 de territorio marítimo, amén de nuestra proyección antártica.
Consistentemente
Chile rechazó esa pretensión que, también, fue rechazada por 5 jueces
de la Corte Internacional de Justicia (Laudo Arbitral de 1977) y el
mediador del período de 1979-1984 (el Papa).
En
2009, 25 años después del Tratado de Paz y Amistad, Argentina renovó su
pretensión geopolítica `bioceánica´ reclamando parte sustancial de la
Antártica Americana y un territorio submarino al sur y sureste del cabo
de Hornos (equivalente a Puerto Rico).
Por
muchos años hemos hecho ver que este reclamo argentino equivale a lo
pretendido y rechazado durante el Laudo y la Mediación.
Lo
mismo ocurre luego que una declaración de los cancilleres de Chile y
Argentina y España abogara por una zona protegida en la Antártica, que
la ONG National Geographic está acompañando con el `concepto educativo´
de `quinto océano de la tierra´, y un mapa que reproduce la tesis
geopolítica de la separación del Pacífico y el Atlántico.
A nivel global este concepto está siendo reproducido profusamente. Ya lo hicieron CNN, BBC, The Economist y The Guardian.
Nuestras
autoridades parecen no comprender las implicancias políticas del
`ejercicio educativo´ de la ONG norteamericana que, a pesar de carecer
de sustento científico, jurídico o geo-histórico, se está imponiendo en
la percepción de la comunidad internacional.
La
circunstancia demanda una acción afirmativa urgente del gobierno, que
aclare que tal concepto no solo carece de todo sustento, sino que
importa una interpretación innecesaria y arbitraria de un tratado internacional plenamente vigente.
No
hacerlo constituiría un acto de inconsecuencia con la tradición
austral-antártica de la República, y un acto de olvido inaceptable del
sacrificio magallánico que, con firmeza y sano patriotismo, resistió
todos los embates de la crisis vecinal de 1977-1984.